lunes, 1 de junio de 2009

FRANCISCO JAVIER CLAVIJERO 1731-1787

Alineación al centroDar clik sobre el mapa para poder apreciarlo y leerlo










HISTORIA ANTIGUA DE MÉXICO




Este blog se ha convertido en una bitácora de mis lecturas. He dejado de leer poesía por eso ya no he publicado poemas, ahora leo a Clavijero y estoy tan fascinada con su Historia Antigua de México que quiero compartir con ustedes, en este mes de junio, mis lecturas.
Creo necesario hacer una semblanza de quién fue Clavijero.
Voy a colgar imágenes del Códice Boturini o Tira de la Pregrinación, donde se narra el viaje de los Aztecas en busca del lugar que sus dioses les tenían destinado.
También veran un mapa, que creo servira mucho para identificar algunos de los lugares a los que se refiere Clavijero en su historía.
Todos los días publicaré nuevos textos en esta misma entrada, por lo que tendran que buscar hacia abajo las nuevas intervenciones. Creo que así no se pierde el sentido del texto, pues no me gusta leer las cosas al revez.





Francisco Javier Clavijero nace en Veracruz, México en 1731, sus padres eran españoles radicados en México. Estudia en Puebla con los jesuitas, letras humanas y filosófía, hace su noviciado en Tepozotlán perteneciendo a la Compañia de Jesús.

Fue sorprendido por el decreto de Carlos III, donde se exilia y expropia a los jesuitas y sus propiedades. Se va a Italia, llegando primero a Ferrara y posteriormente a Bolonia donde escribe su obra gracias a las bibliotecas y archivos que hay en ese lugar.

Escribe Historia Antigua de México en español pero la traduce al italiano y es publicada en esa lengua en 1781.

Muere 1787 de una afección hepática.


Salida de los aztecas o mexicanos de su patria Aztlan





LIBRO II
LOS TOLTECAS, CHICHIMECAS, ACOLHUAS, OLMECAS Y DEMÁS NACIONES QUE OCUPARON LA TIERRA DEL ANÁHUAC* ANTES DE LOS MEXICANOS_ SALIDA DE LOS AZTECAS O MEXICANOS DE SU PATRIA AZTLÁN_ SUCESOS DE LA PEREGRINACIÓN HASTA LA TIERRA DE ANÁHUAC_ SU ESTABLECIMIENTO EN CHAPULTEPEC Y COLHUACAN_ FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE MÉXICO Y DIVISIÓN DE LOS TENOCHCAS Y TLALTILOLCAS_ SACRIFICIO HUMANO DE UN DONCELLA COLHUA EN MÉXICO.
*Anáhuac: significa junto al agua



1 LOS TOLTECAS


La historia de primitiva población de Anáhuac y está alterada con tantas fábulas (como los demás pueblos del mundo) que es imposible atinar con la verdad. Es cierto e indubitable, así por el venarable testimonio de los Libros Santos como por la constante y univesal tradición de aquellos pueblos que los primeros pobladores de Anáhuac descendían de aquellos pocos hombres que salvó del Diluvio Universal la Providencia para conservar la especie humana sobre la faz de la tierra. Tampoco puede dudarse que las naciones que antiguamente poblaron aquella tierra pasaron a ella de otros países más septentrionales en que muchos años o siglos antes se habían establecido sus mayores. En estos dos puntos están acordes los historiadores toltecas, chichimecas, acolhuas, mexicanos y tlaxcaltecas; pero ni sabemos quienes fueron los primeros pobladores, ni el tiempo en pasaron, ni los sucesos de su trasmigración y de sus primeros establecimientos.Varios de nuestros historiadores que han querido penetrar este cáos, guiados de la débil luz de las conjeturas, de fútiles combinaciones y de pinturas sospechosas se han perdido entre las tinieblas de la antigüedad y se han visto precisados adoptar narraciones pueriles insubsistentes.

Algunos autores, fundados en la tradición de los pueblos americanos y en los huesos, cráneos y esqueletos enteros de extraordinaria magnitud que en varios tiempos y lugares de la Nueva España se han desenterrado(1) han creido que los primeros pobladores de aquella tierra fueron gigantes. Y no dudo que los hubo en esta y otras partes de America.(2)pero no creo que hubiera jamas nación entera de ellos, sino que fueran individuos extraordinarios de las naciones conocidas, o de otras anteriores que ignoramos ni puede averiguarse el tiempo de su existencia.(3)

La primera nación de que tenemos algunas aunque escasa noticias es la de los toltecas. Estos desterrados según dicen, de su patria Huehuetlapallan, país, según conjeturas del reino de Tollan de donde tomarían el nombre, situado al norte o noroeste de Nuevo México comenzaron su peregrinación en el año 1técpat que fue el 511 de la era vulgar. En cada lugar se detenian el tiempo que les sugería su antojo o exigian las necesidades de la vida. En donde les parecía oportuno hacer más larga mansión, fabricaban casas, cultivaban la tierra y sembraban las semillas de maíz, de algodón, y otras que consigo llevaban para proveerse de alimento y vestido. Así vagarón, dirigiéndose siempre hacia las partes meridionales por espacio de una Edad que son 104 años hasta arribar al lugar que llamaron Tollantzinco (hoy Tulancingo), distante unas 18 leguas (una legua mide 4,160 m. en México, en otros lugares las dimensiones son diferentes)
al norte del lugar donde algunos siglos después se fundó la ciudad México.

En toda su larga peregrinaión iban siempre regidos de cierto número de capitanes o señores, que eran siete cuando arribaron a Tollanzinco. En este país, aunque de clima muy benigno y de tierras muy fértiles no quisieron fijarse, sino apenas pasados 20 años se retiraron 14 leguas hacia el poniente a las riberas de un río en donde fundaron la ciudad Tollan o Tula, del nombre de su patria, las más antigua de la tierra de Anáhuac y una de las más celebres de la tierra mexicana. Esta ciudad fue constituida metrópoli de la nación y corte de sus reyes. Comenzó la monarquía de los toltecas, según refieren sus historiadores, en el año 7 acatl, que fue el 667 de la Era Vulgar, y duró 384 años. Ved aquí la serie de sus reyes con la expresión del año de la Era Vulgar en que comenzarón a reinar(4).


Chalchiutlanetzin en................667
Ixtlicuechahuac........................719
Huetzin......................................771
Totopeuh..................................823
Nacaxoc....................................875
Mitl...........................................927
Xiuhtzaltzin (reina)................979
Topiltzin.................................1031


No es de extrañar que sólo ocho monarcas reinasen en poco menos de cuatro siglos; porque tenía aquella nación la extravagante ley de que ninguno ocupase el trono más tiempo ni menos de un siglo tolteca, que constaba, como el de los mexicanos y demás naciones cultas, de 52 años. Si el rey cumplia el siglo en el trono, dejaba luego el gobierno y entraba otro en su lugar; si moría antes como era regular, quedaba gobernando a nombre del difunto la nobleza, hasta completar los 52 años, Así se vio en la reina Xiuhtzaltzin, que habiendo muerto a los cuatro años de reinado, la sustituyó la nobleza y gobernó los siguientes 48 años.


(1) Los lugares donde se han encontrado esqueletos gigantescos son Atlancatepec, pueblo de Tlaxcala, Texcoco,Toluca, Jesús de Monte, cerca de Cuajimalpa y en nuestros días en la península de California en un monte cerca da misión de Kada-Kaaman.

(2)No dudo que muchos críticos de Europa, que burlan de cuantos promueven la existencia de gigantes, se burlaran también de mí, o a lo menos compadecerán de mi credulidad pero no puedo hacer traición a la verdad por temor a la censura. Yo sé que en las naciones cultas de América había tradición de la existencia de hombres de extraordinaria proceridad y corpulencia, y no sé que ningún pueblo de América haya habido jamás memoria de los elefantes, los hipopótamos ni de otros cúadrupedos de primera magnitud. Yo sé que se han hallado cráneos y esqueletos humanos de prodigiosa grandeza, por la descripción de inumerables autores (...) en quienes no puede sospecharse de alucinación ni superchería(...).

(3)Acosta, Torquemada y otros dicen que los gigantes fueron muertos a traición por los tlaxcaltecas; pero esta información no tiene más apoyo que el testimonio de los mismos tlaxcaltecas y me hace fuerza que en la historia de los chichimecas, que llegaron antes que los tlaxcaltecas y se hicieron señores de toda la tierra, no se haga mención de tales hombres.

(4)Indicamos el año en que comenzó a reinar cada rey de los toltecas, supuesta la verdad de la época de su salida Huehuetlapallan, la cual no es cierta sino solamente verosímil.







De los ocho barrios sale gente para acompañar a los aztecas





2.- POLICÍA DE LOS TOLTECAS




Los toltecas fueron celebradísimos por su cultura y por su excelencia en las artes, de tal suerte que en los siglos posteriores se dio por honor el nombre de toltecas a los artífices más sobresalientes . Vivieron siempre en sociedad, congregados en poblaciones bien arregladas bajo la dominación de sus soberanos y la dirección de sus reyes. Fueron poco guerreron y más adictos al cultovo de las artes que al ejercicio de las armas . A su agricultura se reconocieron deudoras las posteriores naciones del maíz, el algodón, el chile y de otros utilísimos frutos. No solamente ejercieron las artes de primera necesidad, sino aun aquellas que sirven a la magnificencia y a la curiosidad. Sabían fundir en todo género de figuras el oro y la plata, que sacaban de las entrañas de la tierra, labraban primorosamente toda especie de piedras. Éste fue el arte que los hizo más célebres en aquel reino; pero para nosotros nada los hizo más recomendables que el haber sido inventores, o al menos reformadores. del método de contar los años de que usaron los mexicanos y demás naciones cultas del Anáhuac; lo que supone como veremos muchas observaciones prolíjas y conocimientos precisos de astronomía.

El caballero Boturini (Lorenzo Boturini), sobre la fe de las historias de los mismos toltecas, dice que habiendo éstos reconocido en su antigua patria Huehuetlapallan el exceso de casi seis horas del año solar sobre el civil de que usaban, lo arreglaron por medio de un día intercalado cada cuatro años; lo cual ejecutaron dice ciento y tantos años antes de la Era Cristiana. El mismo autor refiere que en el año 660 de Cristo, reinando Ixtlicuechahuac en Tula, Huematzin, célebre astrónomo, convocó con acuerdo del rey a los sabios de la nación y pintó con ellos aquel gran libro que llamaron Teoamoxtli (libro divino), en que con distintas figuras se daba razón del orgen de los indios, de su dispersión después de la confusión de las lenguas de Babel, de sus peregrinaciones en Asia de las primeras poblaciones que tuvieron en el continente de América, de la fundación del imperio de Tula y sus progresos hasta aquel tiempo; de los cielos, signos y planetas; de su calendario ciclos y caracteres de las transformaciones mitológicasen que incluian su filosofía moral, y por último de los arcanos de la sabiduría vulgar escondida entre los jeroglíficos de sus dioses, con todo lo pertinente a la religión, ritos y costumbres. Añade el citado caballero que los toltecas tenían notado en sus pinturas el eclipse solar acaecido a la muerte de nuestro Redentor en el año 7 tochtli (7 conejo) y que habiendo algunos españoles doctos e instruidos en las historias y pinturas de los toltecas, confrontando su cronología con la nuestra, hallaron que aquella nación numeraba desde la creación del mundo hasta el tiempo en que nació Jesucristo, 5,199 años, que es puntualmente la cronología de la Iglesia Romana, siguiendo el computo de los setente.

Sea lo que fuere estas anécdotas del caballero Boturini, que dejó al juicio libre de los lectores prudentes e instruidos, es cierto que los toltecas tenían noticia clara y nada equivoca del Diluvio Universal, de la confusión de las lenguas y de la dispersión de la gente, y aun nombran los primeros progenitores de su nación que se separaron de las demas familias en aquella dispersión. Es igualmente cierto como harenos ver en otro lugar (aunque increible a los críticos de Europa, acostumbrados a medier por un rasero a todas las naciones americanas) que los mexicanos y demás naciones cultas tenían su año civil tan arreglado por medio de los días intercalares al solar, como los romanos desde la ordenación de Julio Cesar, y que esta exactitud se debio a las luces toltecas.

Por lo que mira a su religión eran idolatras e inventores, a lo que parece, de la mayor parte de la mitología mexicana; pero no hay vestigio de usasen jamás de los barbaros sacrificios que fueron tan frecuentes entre las últimas naciones que poblaron aquella tierra. Los historiadores tezcucanos creen que los toltecas fueron los que colocaron en el monte Tláloc aquel ídolo célebre del dios del agua, de que hablaremos adelante. Ellos fueron ciertamente los fabricaron en honor de su favorito dios Quetzalcáoatl la altisima prámide de Cholula, y verosimilmente las famosas de Teotihuacán, en honor del sol y de la luna, que hasta hoy subsisten(5). El caballero Boturini creyó que los toltecas fabricaron la piramide de Cholula por remedar la torre de Babel; pero la pitura miderna que alega en confirmación de ese error, que es común en el vulgo de la Nueva España, es obra de un cholulteca ignorante y contiene falsedades, anacronismos y despropósitos.


(5).- Betancurt atribuye a los mexicanos la fábrica de las pirámides de Teotihuacán; pero esto es evidentemente falso y contrario al sentir de todos los escritores así americanos como españoles.
El Dr. Sigüenza parece que las creyó construidas por los olmecas; pero no nos ha quedado vestigio alguno cierto de la arquitectura de esa nación, como nos ha quedado de los toltecas. El estar fabricadas estas pirámides sobre el mismo gusto de las de Cholula nos inclina a pensar que los toltecas fueron los arquitectos de todas, como le creyeron Torquemada y otros autores.

2 de junio de 2009






El ahuehuete se rompe y huitzlopchtli les habla






3.- RUINA DE LOS TOLTECAS


En los cuatro siglos que duró la monarquía los toltecas se multiplicaron considerablemente y fundaron grandes poblaciones por toda aquella tierra; pero las estupendas calamidades que les sobrevivieron en los primeros años del reinado de Topiltzin acabaron con todo su poder y felicidad. El cielo les negó por algunos años el agua necesaria a sus sementeras y la tierra de los frutos de que se alimentaban; el aire inficionado de mortal corrupción llenaba cada día la tierra de cadáveres, y de terror y consternación los ánimos, de los que sobrevivia a la ruina de sus nacionales. Pereció de hambre o de enfermedad mucha de o la mayor parte de la nación; murió Topiltzin a los 20 años de reinado y con el feneció la monarquía el año 2 tecpatl (2pedernal), que fue el año 1052 de la Era Vulgar.

El resto de la nación, huyendo de la muerte y solicitando remedio a tantas desgracias en otros climas, abandonó aquella tierra y se exparció en diferentes países. Unos se dirigieron a Onohualco o Yucatán, y otros hacía Guatemala; pero quedaron en el reino de Tula varias familias exparcidas en el Valle de México, Cholula, en Tlaximaloyan y en otros lugares, y entre ellas dos principes hijos del rey Topiltzin, cuya posteridad emparento con las casa reales de Texcoco, Colhuacán y México. Estas familias consevaron las memorias de la nación, su mitológia, semillas y sus artes.

Las pocas noticias que hemos dado de los toltecas son la únicas que nos han parecido dignas de algún crédito, desechando varias narraciones pueriles y fabulosas de que han hecho uso sin dificultad otros historiadores.* Apreciaríamos haber visto el Libro Divino, de que hace mención el caballero Boturini y que cita en sus apreciablea manuscritos Fernando de Alba Ixtlixóchitl, para poner mayor luz de aquella célebre nación.



*Torquemada dice que en un gran baile que célebraron los toltecas, se les apareció el diablo en la figura de un gigante con unos brazos desmesurados, y que al tiempo de bailar con ellos los iba abrazando y sofocando, y después se le dejó ver en la figura de un niño con la cabeza podrida y los apesto; finalmente, que por consejo del mismo diablo desampararon la tierra. Pero aquel buen autor quiza entendió a la letra algunas pinturas alegóricas en que los toltecas representaban el hambre y la enfermedad que los acabó; ni es menester más diablos para acabar una nación.



3 de junio 2009




Sacrificio de los mimixcoas







4,-LOS CHICHIMECAS


Con la ruina de los toltecas quedó casi solitaria aquella tierra hasta el arribo de los chichimecas por un intervalo de más de un siglo.* Los chichimecas eran, como los toltecas que los antecedieron y las demás naciones que después les siguieron, originarios de un país septentrional; porque el norte de América puede llamarse como el de Europa, el semillero del genero humano; de uno y otro se vieron salir como enjambres diferentes pueblos a ocupar las tierras meridionales. Su país nativo, cuya precisa situación ignoramos, se nombraba Amaquemecan, en el cual, según dicen, habían dominado por muchos siglos varios reyes de su nación.

Eran estos chichimecas, según se colige de su historia, de un carácter nuy singular; porque unían a cierta especie de policia muchos accidentes de barbarie. Vivían bajo las órdenes de un soberano y de jefes y gobernadores depositarios de su autoridad, con tanta subordinación como cualquier nación culta. Hacían distinción entre la nobleza y la plebe, y respetaban a aquellos a quienes su nacimiento, su valor, la gracia del príncipe elevaba sobre la común condición. Tenían sus poblaciones**compuestas como se deja entender, de chozas miserables; pero no ejercían la agricultura ni otras artes que caracterizan la vida civil. Vivían de la caza y de los frutos y raíces que la tierra inculta les ofrecía. Su vestido eran las pieles de las fieras que cazaban y sus armas el arco y la flecha. Su religión se reducia al simple culto del sol, al cual ofrecían en reconocimiento de su divinidad las flores y las hierbas que hallaban nacidas en el campo. Sus costumbres eran más dulces de lo que lleva la condición de un pueblo cazador.



**Torquemada dice que los chichimecas no tenían poblaciones ni casa, sino vivian en las cavernas de los montes; pero en el mismo capítulo afirma que la principal ciudad de su reino se nombraba Amaquemecan: ¿Quién ha visto hasta ahora ciudad sin casas? ¿Quien a dado hasta ahora nombre de ciudad a las cavernas de los montes?



4 de junio 2009






Toponimos de dos lugares diferentes por donde pasaron.




5.- XÓLOTL, PRIMER REY CHICHIMECA.


El motivo que tuvieron para abandonar su patria es tan incierto como la etimología del nombre de chichimeca.* El último rey que habían tenido en Amaquemecan había dejado el gobierno dividido entre sus dos hijos: Achacauhtli y Xólotl. Éste, o digustado, como es natural, de partir con otro su autoridad, quiso ver si la fortuna le proporcionaba otro reino en que mandar solo, o reconociendo que los montes de aquel reino no bastaban ya para proveer de sustento a sus habitantes, determinó remediar la necesidad, Sea por uno y otro motivo, después de haber explorado por algunos de sus capitanes mucha parte de las tierras meridionales, se partió de su patria con un numeroso ejército de vasallos que quisieron seguirle por amor o por interes. En su marcha fueron reconociendo las ruinas de las poblaciones toltecas, y entre otras las de la gran ciudad de Tula, a donde arribaron a los 18 meses de su peregrinación. De este lugar se encaminaron a los de Cempohuallan y Tepepolco distante 12 leguas al nordeste de México; desde donde despachó Xolotl a su hijo el príncipe Nopaltzin con alguna gente a explorar de nuevo la tierra.

Corrió el príncipe las riberas de los lagos y los montes que circundan el valle hermoso de México, y habiendo reconocido lo restante del país desde una alta cumbre, disparó cuatro flechas a los cuatro vientos en señal de posesión que tomaba a nombre del rey su padre de toda aquella tierra. Informado Xolotl de la calidad y disposición del país, resolvió establecerse en Tenayuca, lugar distante dos leguas al norte del sitio de México, y repartió gente por aquellos contornos; pero por haber sido la mayor población hacia el norte y nordeste, se dio a aquel tracto de tierra el nombre de Chichimecatlalli, que después conservó. Dicen los historiadores que en Tenayuca se hizo la revista de la gente, y que por eso se llamó también Nepohualco, que es lugar donde se hace la numeración; pero es increible lo que añade Torquemada, que en esa reseña se halló más de un millón chichimecas, y que hasta su tiempo duraban doce montecillos formados de las piedras que iban arrojando al pasar revista; porque ni es verosímil que se pusiese en movimiento un ejército tan numeroso para hacer un viaje tan dilatado, ni es posible que en tan corto espacio de tierra se pudiese mantener a un millón de cazadores.

Establecido el rey en Tenayucán, que se destinó para la corte, y dadas sus ordenes convenientes para la formación de las poblaciones, ordenó a uno de sus capitanes, que se nombraba Achitomatl, que fuese a reconocer el origen de ciertos humos que el príncipe Nopaltzin habia observado en su expedición. Fue Achitomatl y halló en Chapultepec, en Coyohuacan y en otros lugares familias toltecas, de quienes supo la causa y el tiempo de su exterminio. No solamente se abstuvieron los chichimecas de inquietar a esas tristes reliquias de aquella célebre nación, sino contrajeron alianzas casando muchos nobles con mujeres toltecas, y entre ellos el mismo príncipe Nopaltzin desposó a Azcaxóchitl, joven descendiente de Pochotl, uno de los dos príncipes que, según dijimos, quedaron de la casa real de los toltecas, cuyas bodas se celebraron con extraordinario regocijo. Esta humanidad importó mucho a los chichimecas, porque en el trato familiar de aquella nación comenzarón a gustar del maíz y demás semillas, aprendieron la agricultura, el arte de sacar los metales de la tierra y de fundirlos, el de labrar las piedras, el de hilar y tejer el algodón y otras varias, con las cuales mejoraron su sustento, vestuario, habitación y costumbres.


* Varios autores se han quebrado la cabeza procurando adivinar la etimología de Chichimecatl..
Torquemada dice que este nombre se tomó de Techichimani, que significa chupador, porque los chichimecas chupaban la sangre de los animales que cazaban; pero desde luego se conoce la violencia de esta etimología, especialmente entre unas naciones que no acostumbraban alterar los nombres en la derivación. Betancurt se persuade a que dicho nombre se deriva de Chichimé, que significa, dice, perros, que así les llamaban por desprecio las demás naciones; pero si fuera así no se gloriarían ellos como se gloriaban del nombre de chichimecas. Yo conjeturo que tal nombre se derivase de algún lugar llamado Chichiman, como de Acolman Acomecatl.




5 de junio 2009






Representación de 27 años de peregrinaje.








6.- LOS ACOLHUAS Y OTRAS GENTES

No menos contribuyó a la pronta cultura de los chichimecas el arribo de otras naciones civiles. Apenas llevaba Xólotl ocho años de su residencia en Tenayuca, cuando llegaron a aquella tierra seis personas principales con séquito considerable de gente. Eran éstos de una provincia septentrional contigua al reino de Amaquemecan, cuyo nombre no expresan los historiadores; pero me inclino a creer, no sin fundamento, que fuesen de la provincia de Aztlán, patria de los mexicanos, y que éstos fuesen aquellos seis linajes célebres de nahuatlacas de que de que hablan todos los historiadores de México y de que haré mención adelante. Es muy verosímil que Xólotl noticiase a su patria las ventajas del país en que se había establecidom y esta noticia, difundida en las naciones comarcanas, alentase los ánimos a seguir sus huellas para participar de su felicidad. Los seis extranjeros que llegaron sucesivamente a Tenayuca fueron binignamente recibidos del rey chichimeca, y sabido el motivo de su viaje y el deseo de esablecerse en aquella tierra, les asignó sitios donde poblasen.

Pocos años después arribaron tres príncipes con un numerosos ejército de la nación Acolhua, originaria del reino de Teoacolhacan, que era colindante del de Amaquemecan o muy vecino.
Llamábanse los príncipes Acolhuatzin, del nombre común de la nación, Chiconquauhtli y Tzontecomatl, y eran de nobilisima familia Citin. La nación era más culta y civil de cuantas ocuparon aquella tierra después de los toltecas. Ya se deja entender el ruido que haría en aquel reino esta novedad, y el cuidado en que pondría a los chichimecas tan extraordinaria muchedumbre de extranjeros, ni es creíble que el rey les permitiese la entrada en la tierra antes de ser informado del motivo de su venida. Hallábase entonces el rey en Texcoco a donde había pasado su corte, o fastidiado del sitio de Tenayuca, o enamorado de la ventajosa situación de aquel nuevo lugar. Aquí llegaron los tres príncipes y presentados al rey después de saludarlo con la mayor reverencia y de paracticar la acostumbrada ceremonia de respeto de tocar el suelo con la mano y llevarla a la boca, le dijeron en sustancia estas palabras: "Nosotros, señor, venimos de reino de Teoacolhuacan no muy distante de vuestra patria. Somos los tres hermanos e hijos de un gran señor; pero noticiosos de la felicidad que disfrutan los chichimecas bajo la dominación de un mismo rey tan humano, antepusimos la dicha de ser vuestros vasallos a la gloria que poseiamos en nuestro reino. Os suplicamos que tengais la dignación de señalarnos lugar en vuestra feliz tierra, donde vivamos dependientes de vuestra autoridad y sujetos a vuestras ordenes". Complacióse el chichimeca, no tanto del aire señoril y modales cortesanos de aquellos nobles jovenes, cuanto de la lisonja de ver humillados en su presencia tres príncipes atraídos de tan remotas tierras, de la fama de su poder y clemencia. Respondió agradecido a sus expresiones y ofreció recompensar su buena voluntad; pero entre tanto que deliberaba sobre el partido que debía tomar, ordenó al príncipe Nopaltzin que los alojase y cuidase de su regalo como exigia la calidad de sus personas.

Tenía Xólotl dos hijas doncellas que desde luego se inclinó a dar por mujeres a los dos píncipes mayores; pero no quiso declarar su pensamiento hasta haberse informado de su genio y carácter por medio de su hijo Nopaltzin, y de certificarse de la voluntad de la nación. Asegurado de uno y otro llamó a si a los príncipes, que estabán algo cuidadosos de la resolución del rey, y les declaró su voluntad en estos términos: "Puede ser, oh ilustres príncipes, que hayaís atribuido a olvido mío el no haber satisfecho antes a vuestras pretensiones; pero no ha sido olvido sino atención debida a vuestras personas. Pareciome importunidad el trataros de estos negocios antes de hubieseis reposado de las fatigas de vuestro largo viaje. El jefe que os ha merecido el esplendor de vuestra sangre y las prendas personales que os adornan, me empeña no solamente en acordaros cuanto me habéis sino aún mucho más que mereceis. Vosotros me pedisteis tierra en que vivir, y yo os doy en que mandar. Vosotros me pretendíais ser mis vasallos, y yo os quiero señores; y no satisfecho con esto, quiero también que entréis en el número de mis hijos. Dos hijas tengo y ambas doy por mujeres a los dos mayores, y ojalá tuviera tres para que ninguno de vosotros quedase excluido de esta nueva alianza. ¿Qué os negará quien os da su propia sangre? Por lo que mira a vuestra gente, tendreis la satisfacción de verla comodamente establecida en los lugares que les señalaré. Espero de vuestra nobleza que hará conocer al mundo el acierto de mi determinación, sirviendo con vuestro consejo y vuestro abrazo al bien común del reino".

Aceptaron los príncipes con humilde reconocimiento el partido, no hallando expresiones con que ponderar el favor que les hacía la benevolencia del rey y ofreciendo servirle con la mayor fidelidaed. Publicose desde luego el día y el lugar donde celebrarse las boda, y fue tan grande el concurso de gente a la ciudad de Tenayuca, que fue el lugar destinado para esta ruidosa función, que no cabiendo toda en la población , se quedo mucha en el campo. Casó el príncipe mayor con la mayor de las princesas, que se llamaba Cuetlacxóchitl, y el príncipe Chiconcuauhtli con la menor, nombrada Cihuaxóchitl. El tercer príncipe tuvo por mujer a Coátetl, joven nacida en Chalco de padres muy nobles, en quien se había unido la sangre de los toltecas con la de los chichimecas.
Las fiestas duraron 60 días y se celebraron con la lucha y combates de fieras, cuyos ejercicios eran del genio de la nación chichimeca, y en ambos se distinguió el príncipe Nopaltzin.

A ejemplo de las persons reales se fueron enlazando las naciones hasta formarse de ambas una sola, que tomando la denominación de la parte más noble, quedó con el nombre de Acolhua, y el reino se llamó Acolhuacán, quedando el nombre de chichimecas a aquellos hombres que apreciando más el ejercicio de la caza que las fatigas de la agricultura, o impacientes de vivir en subordinación, se fueron a los montes que están al norte y noroeste de valle de México, en donde, siguiendo el ímpetu de su bárbara libertad, sin jefe, sin ley, sin domicilio fijo y sin los demás emolumentos de la sociedad, corrían de día en busca de la caza y cansados se echaban a dormir donde les cogía la noche. Estos bárbaros, mezclados con la nación de los otomíes, que seguía el mismo sistema de vida, ocuparon un espacio de tierra de más de cien leguas y sus descendientes dieron qué hacer a los españoles por muchos años después de la conquista.


6 de junio 2009





Llegan a Tula donde se establecen por 20 años.






7.- DIVISIÓN DE ESTADOS Y REBELIÓN DE CHICHIMECAS



Concluidas las fiestas de los desposorios dividió Xólotl su reino en varios señoríos y dio la investidura de ellos a sus yernos y a otros nobles de una y otra nación. Nombró al príncipe Acolhuatzin señor de la ciudad y distrito de Azcapotzalco, y de él descendieron aquellos reyes bajo cuyo yugo estuvieron más de 50 años los mexicanos. A Chiconcuauhtli confirió el señorio de Xaltocan, cinco leguas al norte de Azcapotazalco, y a Tzontecomatl el de Coatlichan, cerca de la misma corte de Texcoco.

Crecian cada día las poblaciones y con ellas la cultura de la nación; pero al mismo tiempo se iban excitando en los ánimos la ambición y otras pasiones que eran como adormecidas por falta de ideas en el tiempo de vida salvaje. Xólotl, que en la mayor parte de su largo reinado había gobernado con mucha dulzura y había experimentado en sus subditos la mayor docilidad, en los últimos años de su vida se vio precisado a usar la severidad para reprimir las inquietudes de algunos rebeldes, privando a unos de los empleos que obtenían, y a otros,más culpables de la vida. Estos justos castigos, que debían aterrar la insolencia de los vasallos, agriaron de tal suerte los ánimos que algunos concibieron el detestable designio de deshacerse de rey, paro lo cual se les presentó luego una ocasión favorable.

Había Xólotl mostrado deseo de aumentar el agua de sus jardines en donde solía recrearse y aun dormirse agravado de los años o provocado de la frescura y amenidad del sitio. Sabedores los rebeldes,resolvieron hacer una presa al arroyo que pasaba por Texcoco y abrir una zanja para conducirla a los jardines del rey con intento de echarle toda el agua y ahogarle al tiempo de que incautamente durmiese, esperando sin duda que quedase oculto su mal intento y se atribuyese la desgracia a una mera contingencia o a mal tomadas medidas de sus vasallos que sinceramente desaban servir a los deseos de su señor. No fue tan secreta la conjuración que no llegase a oidos del rey, pero parecióle mejor disimular por entonces y esperar que ejecutasen el golpe meditado. Fuese pues al jardín y echóse a dormir en un lugar donde no pudiese el agua perjudicarle. Los conjurados, que no esperaban más de este momento decisivo, rompieron la presa y dieron con toda el agua en el jardín. Al ruido dio gritos el rey llamando a su gente para que reconociese el origen de aquella repentina avenida.

Súpose inmediatamente la traición; pero el rey determinó llevar adelante su disimulo y burlarse de sus enemigos. "Yo, dijo, estaba persuadido de que mis vasallos me amaban; mas esta vez he conocido que me aman más de lo que yo pensaba. Deseaba yo aumentar el agua en mis jardines, y ved aquí cómo mis vasallos me la han traído sin costo alguno. No puedo menos de celebrar con públicos regocijos mi felicidad". Mando hacer fiestas en la corte, y concluidas se partió a Tenyuca lleno de indignación y dolor y resuelto hacer un castigo ejemplar en los traidores; pero aquí le asalto la última enfermedad que templó el ardor de su venganza.




MUERTE Y EXEQUIAS DE XÓLOTL


Conociendo la cercanía de su muerte hizo llamar a su hijo el príncipe Nopaltzin, a sus dos hijas y a su yerno Acolhuatzin (pues los otros dos príncipes ya eran muertos) y venidos a su presencia les habló de esta suerte:
"Amados hijos mios: yo me siento ya tan agravado, no menos de mis años que de la enfermedad, aue apenas me restan pocos momentos de vida. Os pido por el grande amor que siempre os he tenido, que viváis en paz y buena armonía; que así os haréis dueños del corazones de vuestros vasallos. A ti, Nopaltzin, hijo y sucesor mio, y digno del imperio no menos por tu valor que por tu nacimiento, te encargo el cuidado de los pueblos, el amor de tus hermanos, la protección a la nobleza y la mansedumbre y gravedad para con todos tus vasallos."

Poco después de pronunciadas estas palabras murió entre las lágrimas y gemidos de sus hijos. Era de edad muy avanzada y había reinado a lo que parece más de 40 años en aquella tierra. Era hombre sano y robusto y de gran valor, muy amante de sus hijos y muy benigno para con sus vasallos. Hubiera sido más feliz su reinado su hubiera sido más breve.

Publicose luego su muerte por todo el reino, se dio aviso a los principales señores para que hallasen presentes al funeral. Adornaron el real cadáver de joyas de oro y de plata (que ya se trabajan enseñados de los toltecas) y lo asentaron en una silla hecha de copal y de otras materias aromáticas, y así lo tuvieron cinco días mientras llegaban los señores convocacos a las exequias. Juntos ya todos, con inmenso concurso de pueblo se quemó en una grande hoguera el cadáver, según un una pequeña urna de piedra muy dura. Esta urna estuvo expuesta 40 días en unas de las principales salas de la real casa, a donde diariamente concurría la nobleza a llorarle, y con las mismas demostraciones de sentimiento, pasados los 40 días, depositaron la urna en una cueva que había cerca de Tenyuca.




7 de junio 2009





Llegan a Atlitlalacyan allí se quedan10 años y se van a Tlemaco, por 5 años







9.- NOPALTZIN, SEGUNDO REY CHICHIMECA

Celebrose luego la exaltación al trono del príncipe Nopaltzin con regocijos públicos que duraron otros 40 días. Terminadas las fiestas despidió el rey a los señores a sus repectivos estados y al despedirse uno de ellos, a nombre de los demás , le arengó de esta suerte: "Gran señor y emperador nuestro: en cumplimiento de vuestra orden vamos a gobernar los pueblos que nos habéis encomendad como vasallos y criados vuestros, llevando en nuestras almas la satisfacción
visto en el trono que tan debido es vuestro nacimiento a eminencia de vuestra condición. Confesamos ser incomparable el beneficio de servir a tan alto y poderoso señor, y os suplicamos nos miréis con ojos de padre y nos amparéis con vuestro poder, para que a vuestra sombra vivamos seguros; pues sois a un tiempo agua mansa y fuego abrasador y en vuestras manos está nuestra vida y nuestra muerte"."Agradezco, amados hijos y hermanos míos-les respondió el rey- el servicio que me habeís hecho y el amor que habéis mostrado a mi difunto padre. En el habéis honrado a un hermano vuestro, hijo de vuestro padre y nacido entre vosotros. Como conzco el servicio sabre también premiarlo. Id a vuestros pueblos y no os olvidéis que sois mis lugartenientes como lo fuisteis de mi padre."

Despedidos los señores se quedó el rey a vivir en Tenayuca en compañia de su hermana Cihuaxóchitl, viuda del príncipe Chiconcuauhtli. Sería de unos 60 años cuando subió al trono y tenía ya hijos y nietos. Sus hijos légitimos habidos en la reyna tolteca fuerón Tlotzin, a quien dio el señorio de Texcoco para que se fuese instruyendo en el arte difícil del gobierno. Quauhtequihua a quien crió señor de Zacatlan y Apoyozoc, a quien confirió el estado de Tenamihe.

Un año estuvo en la corte de Tenayuca arreglando las cosas del reino que no estaban ya tan tranquilas como en los primeros tiempos. Después pasó a Texcoco a conferir con su hijo Tlotzin sobre los medios de restituir el estado a su primitiva tranquilidad. Estando aquí entró en una ocasión a recrearse en el jardín real en compañía de su hijo y de otros señores de la corte. y en medio de la conversación prorrumpio en un llanto deshecho, y preguntando de la causa, "dos son- respondío- los motivos de mis lágrimas; el uno la memoria de mi buen padre que se me aviva con la vista de este lugar en que solía divertirse, y el otro la comparación que hago de estos amargos días con aquellos felices tiempos. Cuando mi padre plantó este jardín tenía vasallos más pacíficos de los que ahora tengo yo; servian entonces con sinceridad a su rey y aceptaban con humildad y reconocimiento los cargos que se les encomendaban; hoy domina la ambición y la discordia. Me duele verme precisado a tratar como extraños y enemigos a los que en este mismo lugar traté como amigos y hermanos" Y vuelto a su hijo, le habló de esta suerte: "Tú, hijo mío, ten siempre ante tus ojos la imagen de tu grande abuelo, idea perfecta de príncipe; tú que algún día has de ocupar el trono, esfuérzate en imitar los ejemplos de prudencia y justicia que nos dejó. Arma desde ahora tu ánimo de cuanto después habrás menester para regir a tus vasallos." Después de haberse consolado el rey algún tiempo con su hijo se volvío a la corte de Tenayuca.

Vivía aun por ese tiempo el mayor de los príncipes, Acolhuatzin, el cual, pareciéndole estrechos los término de su señorio de Azcapotzlco, resovió apoderarse por la fuerza de las armas de Tepozotlán, distante cinco leguas al norte; armó su gente y dio repentinamente sobre aquel lugar y lo tomó a pesar de la resistencia que hizo Chalchiuhcua, que era quien mandaba en él. Es de creer que Acolhuatzin no ejecutó esta violencia sin expreso consentimiento o anuencia de rey, quen por ventura querría vengar de esa suerte alguna particular ofensa recibida de Chalchiuhcua. Esto sucedió en el 4o. año de Nopaltzin.

Algo más sangrienta fue la guerra que algún tiempo después se encendió por interés de otra naturaleza. Huetzin, señor de Coatlichan, hijo del difunto príncipe Tzontecomatl, quiso tomar por mujer a una noble y hermosa doncella llamada Atotoztli, sobrina de la reina, Al mismo tiempo la pretendía Yacazozolotl, señor de Tepetlaoztoc, quien o por estar más enamorado de ella que su rival, o por ser de genio más violento, no satisfecho con pedirla a su padre, quiso hacerse dueño de su hermosura por las armas. Levantó un pequeño ejército de su gente al cual se agregó Tochinteuctli, señor que había sido de Cuahuacán ,y por su mala conducta se hallaba desterrado de Tepetlaoztoc. Noticioso Huetzin de este atentado salió prontamente a oponerselé con mayor número de tropas. Diose la batalla en las inmediaciones de Texcoco, en la cual murió alguna gente de Tepetlaoztoc y su mismo señor Yacazozolotl, y lo restante del ejército fue desbaratado. Tochinteuctli se salvó con la fuga y se refugió en Huexotzingo, lugar situado de la otra parte de los montes. Libre Huetzin de su rival, se apoderó con le benplácito del rey de la doncella y de la ciudad de Tepetlaoztoc

A estas guerrillas entre los señores particulares siguió una guerra considerable de la misma corona con la provincia de Tollantzinco, situada al norte, que se había rebelado. Salió el mismo rey en persona con un buen ejército; pero como los rebeldes eran muchos y belicosos, hicieron una gran resistencia y en 19 días que duró la guerra llevó muchas veces la peor parte el ejército real, hasta que, reforzado con nuevas tropas que envió el príncipe Tlotzin, sujetó finalmente la provincia, haciendo castigo ejemplar de los principales culpados. El ejemplo de los Tollanzincas empeñó a otros señores en la rebelión pero fueron prontamente castigados.

Ya tenía Nopaltzin tranquilo su reino cuando murió Acolhuatzin, primer señor de Azcapotzalco, dejando por heredero del Estado a su hijo Tezozomoc. Celebráronse sus exequias con la solemnidad correspondiente, con la asistencia del mismo rey y la nobleza de ambas naciones. No mucho tiempo después murió el mismo rey en la corte de Tenayuca, a los 32 años de su reinado, nombrando sucesor en la corona a su hijo mayor Tlotzin. Su funeral se hizo en la misma corte y con el mismo aparato y ceremonias que el de su padre Xólotl, a quien fue muy semejante no menos en la índole que en la fortaleza y valor.




Llegan a Atotonilco donde se quedan 5 años, se van a Apazco 12 años.







10.- TLOTZIN, TERCER REY CHICHIMECA


Procalamóse el nuevo rey con las solemnidades acostumbradas. Entre los señores que concurrieron a esta función fueron sus dos hermanos Quauhtequihua y Apopozoc, a quienes entretuvo en su casa un año. Era este rey tan benigno y afable que era el ídolo de sus vasallos. Todos los nobles solicitaban pretextos para visitarle, por gozar de la dulzura y amabilidad de su trato. Cuidaba mucho de que su gente se ejercitase en las armas, y él frecuentemente se divertía en cazar en los bosques y en pasear sus jardines con mucho séquito de nobleza; pero nada sabemos en particular de sus acciones, ni de los sucesos del reino en los 36 años que gobernó. Murió aquejado de gravisimos dolores en Tenayuca. Sus cenizas se guardaron en una urna de piedra estimable cubierta de planchas de oro, y se expuso 40 días a la vista del pueblo en una tienda adornada de bellas plumas.

11.-QUINANTZIN, CUARTO REY CHICHIMECA



Sucedió a Tlotzin en el reino su hijo Quinatzin, habido en Quauhcihuatzin hija del rey de Huexotla. Su exaltación se celebró con mayor solemnidad que la de sus antecesores, no en Tenayuca sino en Texcoco donde fijó su corte y quedo desde entonces constituida capital del reino de Acolhuacan hasta la conquista de los españoles. Pero para pasar de la antigua a la nueva corte se hizo transportar en unas andas que cargaban sobre sus hombros cuatro principales señores, débajo de una especie de palio, cuyas varas llevaban otros cuatro. Hasta este tiempo todos los señores habían caminado siempre a pie; este rey fue el primero quien la vanidad enseñó una especie de magnificencia, cuyo ejemplo siguieron sus sucesores, y los reyes y próceres de toda aquella tierra esforzándose cada uno a vencer el fausto de los demás. Emulación fatal no menos perniciosa a los soberanos que a sus estados.

Los principios de su reinado fueron muy tranquilos, pero después se le rebelaron los estados de Metztitlan y Tototepec, situados en unas montañas al norte de la capital. Salió prontamente el rey contra ellos con un poderoso ejército y mando decir a los jefes de la rebelión que si su valor era tan grande como su perfidia, bajasen dentro de dos días a la llanura de Tlaximalco a una batalla decisiva; que de no hacerlo entrarían a sus ciudades a sangre y fuego, no perdonando a niños ni a mujeres. Los rebeldes, que ya estaban bien apercibidos, bajaron a dicha llanura antes del término fijado por hacer ostentación de su valor. Diose allí la batalla y se peleó con tan notable ardor de una parte y otra parte hasta la noche, que dividió los ejércitos dejando indecisa la victoria. Así se continuó por 40 días en frecuentes encuentros, en los cuales, aunque lograba siempre mayores ventajas el ejército real, no perdía su valor el de los rebeldes para nuevos combates; pero reconociendo finalmente en la mortandad y disminución de su gente el inminente riesgo de su total ruina, se rindieron al rey, el cual, perdonando su delito a los pueblos, hizo un castigo ejemplar en los autores de la rebelión. Lo mismo ejecutó con el estado de Tepepolco, haciendo morir al señor y a los principales de la ciudad.

Parece que el espíritu de la rebelión se había difundido por todo el reino; porque no bien reprimidos los conatos de los tepepolcas, se levantoron los de Huehuetoca, los de Mizquic, los de Totolapan y los de otras cuatro ciudades cuyos nombres ignoramos. Armó el rey contra ellas siete pequeños ejécitos, los seis al mando de otros tantos jefes de cuya fidelidad estaba bien satisfecho, y él mismo, al frente del séptimo, fue contra los totolapas. Fue tanta su felicidad que en poco tiempo y sin notable pérdida volvió a sujetar todos los lugares rebelados. Estas victorias se celebraron con grandes fiestas en la corte por espacio de ocho días y fueron premiados los jefes y soldados que más se habían distinguido. Como el mal ejemplo de unos estados había excitado a otros a la rebelión, así la experiencia del mal éxito sirvió después de escarmiento a los demás.
Por lo cual Quinatzin, en los retantes años de su reinado, que según dicen fueron 60 gozó de una gran tranquilidad.


Cuando murió este rey se hicieron con su cadáver algunas demostraciones que no se habían practicado con otros reyes. Abriéronlo y sacáronle los intestinos, y después de adornarlo con no sé qué aromas y confecciones para perservarlo de la corrupción, le cosieron de nuevo la piel. Colocáronlo adornado de las vestiduras reales en una gran silla, y armáronlo de arco y flechas; pusiéronle a los pies un águila de madera muy bien labrada y a las espaldas un tigre, denotando en esas insignias su genio intrépido y belicoso. Tuviéronlo en esta postura expuesto al público por 40 días y después del llanto acostumbrado lo quemaron y enterraron sus cenizas en una cueva cercana a la ciudad. Sucediole en la corona Techotlalla, su hijo; pero por estar la noticia de éste y los siguientes reyes conexas con las de los mexicanos, que ya por ese tiempo (en el siglo XIV) tenían fundada su famosa capital, las reservamos para otro lugar, contentándonos con dar aquí la serie de todos sus reyes para hablar brevemente de las demás naciones que arribaron antes de los mexicanos a aquella tierra.

Xólotl...............................................siglo XII
Nopaltzin......................................... " XIII
Tlotzin............................................. " XIII
Quinatzin ....................................... " XIV
Techotlalla..................................... " "
Ixtlixóchitl..................................... 1406

Entre este rey y el siguiente ocuparon el trono de Acolhuacan los tiranos Tezozomoc y Maxtla

Nezahualcóyotl.............................1426
Nezahualpilli.................................1470
Cacamatzin...................................1516
Cuicuitzcatzin...............................1520
Coanacotzin..................................1520

Por no saber a punto fijo los años que reinaron Xólotl y Techotlalla , no podemos averiguar el año que comenzaron a reinar los cinco primeros reyes; pero conjeturamos, por los fundamentos que exponemos en nuestra segunda disertación, que la monarquía chichimeca en Anahuac comenxó hacia el año de 1170 y duró más de 300 años hasta el 1521, en que acabó de un golpe con la mexicana. Ocuparon el trono once reyes legítimos y dos tiranos. Los acolhuas llegaron a la tierra de Anahuac entrado el siglo XIII. Por lo que mira a las demás naciones, es increible la variedad y confusión de los historiadores sobre su origen su número y el tiempo en que arribaron. El grande prolijo estudio que he tenido para indagar sólo me ha servido para aumentarme la incertidumbre y hacerme perder del todo la esperanza de que algún día se sepa lo que hasta ahora se ha ignorado. Desechado, pues, lo fabuloso diré lo poco cierto y bien fundado que hay en la materia.





9 de junio



De Apaxco se fueron a Tzompanco por cuatro años.



12.- LOS OLMECAS Y LOS OTOMÍES

Alineación al centroLos olmecas y xicalancas o formaron una sola nación o dos diferentes, pero perfectamente aliada y unida, son tan antiguos en aquella tierra que algunos los han creído anteriores a los toltecas. De su origen nada se sabe.* Sólo hay noticias de que estuvieron establecidos en los contornos del gran monte Matlalcueye y que, arrojados de aquella tierra por los teochichimecas o tlaxcaltecas, se retiranon hacia el Seno Mexicano.** Los otomíes, que hacían una de las más numerosas naciones, fueron también a lo que parece de los más antiguos y por ventura los primeros que se internaron en los países de América que hoy pertenecen a la corona de España; pero se mantuvieron por muchos siglos en la barbarie, viviendo dispersos en las cavernas de los montes o manteniéndose de la caza, en cuyo ejercicio eran diestrísimos. Ocuparon un espacio de tierra fuera de los términos de Anáhuac de más de cien leguas desde las montañas de Itzmiquilpan hacia el noroeste, teniendo al oriente y al poniente otras naciones igualmente salvajes.

En el siglo XV, según lo que decimos en otro lugar, comenzaron a vivir en sociedad y a civilizarse, reducidos a poblaciones y sometidos a la corona de Acolhuacán, o a fuerza de armas o voluntariamente movidos del ejemplo de las otras naciones cultas. Fundaron en la tierra de Anánhuac y aun en el mismo valle de México innumerables poblaciones, las más y mayores como las Xilotepec y Huichapan, en los confines del país que antes ocupaban, otras repartidas en los píses de los matlazincas y de los tlaxcaltecas, y en otras varias provincias del reino, conservando hasta ahora, aun en esas colonias aisladas, inalterable su primitivo lenguaje. Pero no toda la nación se redujo por entonces a vida civil; mucha parte o la mayor quedó juntamente con los chichimecas en la vida salvaje, y ambas naciones, confundidas por los españoles bajo el nombre de chichimecas, se hicieron célebres por sus hostilidades y correrías y no se redujeron del todo hasta el siglo XVI.

Los otomíes han sido reputados por la nación más ruda de la tierra de Anáhuac, parte por la dificultad que todos sienten en entender su lengua y parte por la servidumbre de tantos siglos, que no les ha dejado entera libertad para las funciones del alma, pues aun en los tiempos de los reyes mexicanos eran tratados como esclavos. Su lengua es muy difícil y llena toda de aspiraciones que se hacen parte en la garganta y parte en la nariz; pero es suficientemente copiosa y expresiva. Antiguamente fueron célebres en la caza y hoy comercian por la mayor parte en telas bastas de que se visten los indios. Pero no hay duda de que sus almas son capaces de todo género de instrucción.


*Algunos autores, y entre ellos el célebre Sigüenza y Gongora, creyeron que los olmecas pasaron de la isla Atlántica a la tierra del Anáhuac y dicen que esta nación fue la única que arribó por la parte de oriente, habiendo pasado las demás como dijimos por el norte. No sé en que se apoye esta opinión.

**El caballero Boturini conjetura que pasarían a las islas Antillas y a la América meridional. Todo podría ser pero se ignora.




10 de junio 2009




Cruzan el lago de Texcoco y llegan a Xaltocán por 4 años, de allí se van a Acalhuacan





LOS TARASCOS


La nación de los tarascos ocupó el vasto, rico y florido reino de Michoacán, en donde se multiplicó maravillosamente y fundó grandes poblaciones, Sus reyes fueron émulos de los mexicanos, con quienes tuvieron frecuentes guerras. Sus artífices o excedieron o igualaron a las demás naciones; por lo menos, después de la conquista en ninguna otra parte se trabajó con mayor perfección el mosaico de plumas, y en ninguna otra se conservó hasta nuestros días ese arte tan precioso.

La nación era idólatra pero no tan cruel en su culto como los mexicanos. Su lengua es copiosa, dulce y sonora; usa mucho de esdrújulos y de la "r" suave, y ordinariamente a cada consonante sigue una vocal. Los tarascos, sobre las ventajas naturales de su país, lograron la felicidad de tener por primer obispo al incomparable Don Vasco de Quiroga, uno de los más insignes prelados que a creado España, cuya memoria se conserva hasta hoy y se conservará eternamente viva en aquellos pueblos.

Este reino que es uno de los mejores de América, se agregó a la corona de España por una libre y espontanea cesión de su legítimo soberano. sin que costase al los españoles una sola gota de sangre; aunque es natural que el temor concebido de la reciente ruina del imperio mexicano influyese en semejante cesión.*


* Boturini dice que teniendo los mexicanos sitiada su capital por los españoles, enviaron una embajada al rey de Michoacán solicitando su alianza; que este congregó en la provincia de Avalos cien mil tarascos y cien mil teochichimecas para socorrer a México; pero aterrado con cierta visión que tuvo una hermana suya resucitada, despidió al ejército y desistió de la empresa. Pero todo es fabuloso (ficción): 1.-Ningún historiador de aquel siglo hace mención al suceso. 2.-¿Qué cien mil teochichimecas eran estos que armó el rey de Michoacán?3.-¿A que fin juntar un ejército en la provincia más remota de México, pudiendo hacerlo en Acambaro o en Tlaximoloyan o en otro lugar más cercano? ¿Quién a visto que el rey de Francia junte su ejército en Flandes para socorrer a España? 4.- La resurección de la princesa de Michoacán es una patraña fabricada sobre el memorable suceso de la hermana de Moctezuma de que hablaremos en su lugar.



11 de junio 2009



Atravesaron la parte más estrecha del lago de texcoco y llegan a Ehecatépec,




MAZAHUAS, MATLAZINCAS Y OTRAS NACIONES



Los mazahuas fueron en algún tiempo parte de la nación de los otomíes, porque las lenguas de estas dos naciones no son más que diferentes dialectos de una sola; pero esta diferencia en unas naciones que son tan tenaces en mantener incorrupto su idioma es indicio cierto de la antigüedad de su separación , Sus principales poblaciones se formaron en las montañas occidentales del valle de México, que componían la provincia de Mazahuacan, perteneciente al reino de Tacuba.

Los matlaxincas formaron un estado considerable en el fértil valle de su nombre, que hoy llaman Toluca, del nombre de la capital. Tuvieron en la antigüedad gran reputación de valor, pero fueron sujetados a la corona de México por el rey Axayácatl, como veremos en su lugar.

Los mixtecas y zapotecas poblaron los dilatados países de su nombre el sureste de México. Los muchos estados en que se dividía esta tierra esuvieron bajo el dominio de diferentes reyezuelos de las mismas naciones, hasta que las armas de los mexicanos los conquistaron. Eran naciones civiles e industriosas. Tenían sus leyes, ejercían las artes de los mexicanos, usaban de su mismo método de cronología y de sus mismas pinturas para perpetuar la memoria de los sucesos, en las cuales tenían representada la Creación del mundo, el Diluvio Universal y la confusión de lenguas, aunque alterado con infinitas fábulas. Después de la conquista han sido los mixtecas y zapotecas de los más industriosos. Ellos fueron los principales traficantes de seda en el tiempo que duró la crianza de los gusanos, y en todos tiempos han mantenido floreciente la crianza y comercio de la cochinilla, aun habiendo cesado en otros países.

Los chiapanecas, si damos crédito a sus tradiciones, fueron los primeros pobladores de América. Decían que Votan, nieto del gran anciano que fabricó la barca grande para salvarse del Diluvio con su familia y uno de los que concurrieron a la construcción del alto edificio que se hizo para subir al cielo, pasó a poblar aquella tierra por orden de Dios. Añadían que habían ido aquellos pobladores por la parte del norte y que al llegar a Xoconusco se dividieron, yendo unos a poblar Nicaragua y quedando les restantes en Chiapas. Esta nación , según dicen , no era gobernada de reyes, sino de dos jefes militares que anualmente elegían los sacerdotes, que eran los que entre ellos tenían mayor autoridad. Así se mantuvieron hasta que los últimos reyes de México los sujetaron a la corona. Usaban pinturas como los mexicanos y tenían su mismo sistema de cronología, pero varíaban, como diremos, en los caracteres de los años, meses y los días.

Los cohuixcas, los cuitlaltecas, los yopes, los mazatecas, los popolocas, los chinantecas, los mixes y los totonacas poblaron los países que tienen su nombre, pues casi todas las naciones tomaron el nombre con que son conocidas de su primera o principal población. Los zapotecas se llamron así de su principal ciudad Teotzapotlán , los chinantecas de Chinantla, los mazatecas de Mazatlán, etc. De ninguna de estas naciones se sabe su orgen ni el tiempo en que poblaron. De sus costumbres particulares diremos alguna cosa cuando lo exija la historia de los mexicanos.





12 de junio 2009






De Ehecatépec, los mexicas se van Cohuatitlan por 20 años




LOS NAHUATLACAS


Entre todas las naciones que poblaron la tierra de Anáhuac, las más nombradas y que hac3n más papel en nuestra historia son aquellas que vulgarmente llaman nahuatlacas. Diose principalmente este nombre cuya etimología expusimos al principio, a aquellas siete naciones cultas o, por mejor decir, a aquellas siete tribus de una misma nación, arribaron después de los chichimecas a aquella tierra y poblaron sobre las mismas lagunas del valle de México o en sus inmediaciones. Estas tribus son las de los xochimilcas, chalcas, tepanecas, colhuas, tlalhuicas, tlaxcaltecas y mexicanos. El origen de todas estas tribus fue la misma provincia de Aztlán de donde salieron los mexicanos, o alguna otra contigua y poblada de aquella nación. Todos los historiadores las representan como originarias de un mismo país. Todas hablaban la misma lengua. Los diferentes nombres con que son conocidad se tomaron de los lugares que fundaron o que se establecieron. Los xochimilcas tomaron el nombre de la gran ciudad de Xochimilco, que fundaron en la ribera occidental del lago de agua dulce; los chalcas de la ciudad de Chalco en la ribera oriental del mismo lago; los colhuas de la ciudad de Colhuacan; los mexicanos de México; los tlaxcaltecas de Tlaxcala y los tlahuicas de la tierra donde poblaron, que por se abundante en almagre se llamó Tlahuican. Los tepanecas que fundaron la célebre ciudad de Azcapotzalco en la ribera occidental del lago de Texcoco tomaron el nombre de Tepan, lugar por ventura donde habitaron antes de fundar aquella ciudad.

Es indubitable que estas tribus no llegaron juntas a Anáhuac, sino en diverso tiempo y con el mismo orden y con el mismo orden en que las nombramos, pero es suma la variedad de los historiadores sobre el tiempo preciso en que arribaron, como consta de nuestra Segunda Disertación.

Yo creo, por los fundamentos que allí expongo, que las primeras seis tribus llegaron a aquella tierra con aquellos seis señores que se dejaron ver en Anáhuac inmediatamente después de los chichimecas, y que no hubo tan grande intervalo, como dice el P. Acosta, entre su llegada y la de los mexicanos. Los colhuas, que los autores confunden comúnmente con los alcolhuas por la afinidad del nombre, fundaron una pequeña monarquía, la cual se agregó después a la corona de México, por el casamiento de una princesa heredera de aquel estado con uno de los reyes mexicanos. Los tepanecas tuvieron también sus reyes, de los cuales fue el primero el célebre principe Acolhuatzin, que se casó con la hija de Xólotl. Sus descendientes usurparon, como veremos, el reino de Acolhuacán y dominaron por algunos años toda la tierra hasta que las armas de los mexicanos, combinadas con las del legítimo heredero de Acolhuacán, acabaron con el tirano y con su monarquía.



13 de junio 2009






Siguen su recorrido visitando distintos lugares, en uno de ellos aprendieron hacer el pulque.ver la parte superior izquierda.





LOS TLAXCALTECAS


Los tlaxcaltecas, a quienes Torquemada y otros autores llaman tochichimecas y consideran como tribu de la nación chichimeca, se establecieron al principio en Poxauhtan, lugar situado en la ribera oriental del lago de Texcoco, entre esa corte y Chimalhuacán. Aqui vivieron algún tiempo en grande miseria, manteniendose por la mayor parte de la caza de los montes vecinos por no tener tierra suficiente para sus sementeras, pero habiendose multiplicado y queriendo ensanchar los limites de su territorio con perjucio de los vecinos, atrajeron sobre sí la ira de los xochimilcas, los coluas. los tepanecas y verosímilmente también de los chalcas, que por ser colindantes eran los más interesados, quienes formaron una confederación y armaron un considerable ejército para desalojar de aquel sito y ahuyentar del valle de México a tan perjudiciales pobladores. Los tlaxcaltecas aunque inferiores en número hicieron gran carnicería en sus enemigos que dejaron el campo lleno de cadáveres y parte de la laguna, en cuya orilla acampaban, teñida de sangre.

Sin embargo, de haber salido de esta acción llenos de gloria, resolvieron abandonar aquel sitio, persuadidos de que mientras en él viviesen serían incomodados por sus vecinos. Por tanto, después de haber reconocido la tierra por medio de sus exploradores, se concertaron en dividirse caminando unos al sur y otros al norte. Estos, después de un corto viaje se establecieron, con el permiso del rey, en Tollanzinco, en Quauhchinanco, y en otros lugares. Los otros, después de costear las faldas del Popocatépel por Tetela. Tochimilco y Atlisco, fundaron cerca de este lugar la población de Quauhquechollan, y pasando adelante fundaron los lugares deAmaliuhcan,Chachapatxinco y Nacapahuazcan y así fueron extendiendose hasta le famoso volcán Poyautecatl al que darían verosímilmente este nombre en memoria del sitio del valle de México que dejaban.

Pero la mayor parte de la tribu se encamino por Cholula a la falda del gran monte Matlalcueye, de donde echaron a sus antiguos pobladores los olmecas y xicalancas, y dieron muerte a su rey o señor Colopechtli. Aquí se establecieron bajo las órdenes de un jefe llamado Colhuacateuctli, procurando fortalecerse para resistir a los que intentasen desalojarlos. Bien lo hubieron menesester, porque los huexotzincas y otros pueblos comarcanos, sabiendo el valor y la fiereza de sus nuevos vecinos y temiendo que con el tiempo fuesen perjudiciales, levantaron un buen ejército para desposeerlos del sito que habían ocupado y arrojarlos enteramente de aquel país. El golpe que dieron fue tan violento, que los tlaxcaltecas se vieron precisados a abandonar el sitio y a refugiarse en los más alto de monte. Hallándose en tanto aprieto imploraron la protección de rey de Texcoco y éste les envió un grueso cuerpo de tropas. Los huexotzincas, no hallándose con fuerzas suficientes para oponerse al ejécito real, llamaron en su auxilio a los tepanecas, presuadidos de que no desecharían tan buena ocasión de vengarse; pero éstos, escarmentados con la tragedia de Poyauhtlán, aunque enviaron la gente que se les pedía, fue con la instrucción secreta de no ofender a los tlaxcaltecas; de lo cual previnieron a éstos para que no los tuviesen por enemigos y estuviesen ciertos de que aquellas tropas sólo se enviaban para engañar a los huexotczincas y no alterar la armonía en que vivian con ellos. Con el socorro de los texcucanos y la pérfida inacción de los tepanecas, derrotaron los tlaxcaltecas a sus enemigos y los obligaron a volverse con ignominia a su tierra, quedando desde entonces en paz con ellos y con los demás vecinos. Con esto volvieron los tlaxcaltecas a su sitio a continuar su población.

Éste es el origén de la famosa ciudad y república de Tlaxcala, eterno rival del imperio mexicano y causa de su ruina. A principio obedecían todos a un jefe; después, habiéndose aumentado considarablementa la población, quedó la ciudad dividida en cuatro cuarteles que nombraron Tepectipac, Ocoteloco, Quiahuiztlán y Tizatlán. Cada cuartel tenía su señor, que lo era también de los lugares a él anexos; de suerte que todo el estado constaba de cuatro pequeñas monarquías; pero estos cuatro señores, con otros nobles, formaban una especie de aristocracia en lo respectivo al común de la nación. Esta dieta o senado era el que decidía de la guerra o de la paz; de común consetimiento se determinaba el número de tropas que debía salir a campaña y se nombraba al general que debía mandarlas. Todo el estado no tenía de extención, como ya dijimos, más de 15 leguas de oriente a poniente y 10 de norte a sur; pero en tan corto espacio de tierra había inmenso gentío y grandes poblaciones. Tenían fortalecida la raya del estado por la parte del poniente con fosos, y por la del oriente con una muralla de 2 leguas (8 kilómetros).

Los tlaxcaltecas eran guerreros, animosos y demasiadamente celosos de su honor y su libertad. Mantuvieron siempre en esplendor su república; si embargo de las grandes contradicciónes que sufrieron, hasta que por favorecer a los españoles en la guerra contra sus enemigos los mexicanos, quedaron envueltos en la ruina común. Eran idólatras y tan supersticiosos y crueles en su culto como los mexicanos. Su numen favorito era Camaxtle, el mismo a quien los mexicanos adoraban bajo el nombre de Huitxzilopochtli. Sus artes eran las mismas de las demás naciones vecinas. Su comercio era el maíz y la cochinilla, La abudancia del maíz dio a su capital el nombre Tlaxcallan ( lugar de pan(o tortilla)). Su cochinilla es mas apreciada que la mixteca. Las demás particularidades de los tlaxcaltecas se expondrán en su lugar.





14 de junio 2009






Se van a Pantitlán por 4 años donde se cree tuvieron una derrota.





VIAJE DE LOS MEXICANOS AL PAÍS DE ANÁHUAC


Los mexicanos o aztecas, que fueron los últimos pobladores de la tierra de Anáhuac y son el objeto de nuestra historia, vivieron hasta más de la mitad del siglo XII en Aztlán, provincia situada en mucha distancia del Nuevo México hacia el noroeste, según se puede colegir del rumbo que siguieron en su peregrinación y de algunas noticias que adquirieron los españoles en las entradas que hicieron desde el Nuevo México hacia aquellas partes. El motivo de abandonar su patria sería el mismo que tuvieron otras naciones. Puede también creerse que alguna esterilidad que afligió a los países septentrionales por aquel tiempo fuese la causa que puso en movimiento a tantos pueblos para solicitar en las tierras del sur el remedio a su necesidad. Sea el que fuere el motivo, no puedo menos de exponer al juicio libre de los lectores lo que los mismos historiadores mexicanos refieren sobre el origen de semejante resolución.

Había, dicen, entre los aztecas un personaje muy autorizado nombrado Huiziton, a cuyo dictamen y superiores luces referian los demás. Éste se había empeñado, no sé por qué causa, en persuadir a sus nacionales la transmigración de su patria a otro país. Andando en estos pensamientos oyó casualmente cantar en las ramas de un árbol a un pajarllo cuya voz remedaba el sonido de la palabra tihui , que en la lengua mexicana significa "vamos". Pareciole esta buena ocasión para lograr su intento; y así, llamando a otro hombre de distinción nombrado Tecpaltzin, lo llevó hacia el árbol donde solía cantar el pajarillo y le dijo: ¿No habéis adivinado, amigo Tecpaltzin, lo que esa avecilla nos está diciendo? Ese tihui, tihui, que incesantemente nos repite, ¿qué otra cosa significa sino que conviene salir de esta tierra y buscar otra? Este sin duda es aviso de alguna oculta deidad que se interasa en nuestro bien. Obedezcamos, pues, a su voz, no sea que nuestra resistencia atraiga su indignación sobre nosotros". Asintió plenamente Tecpaltzin a la interpretación de Huitziton, o por el concepto que tenía de sus luces, o porque estaba procupado del mismo pensamiento. Unidos estos dos hombres tan principales no tardaron mucho en atraer al cuerpo de la nación al mismo partido.

Yo, aunque desconfío de la verdad de este suceso, no lo tengo por inverosímil; porque no hay cosa más fácil a una persona autorizada que persuadir por punto de religión cuanto quisiere a un pueblo ignorante y supersticioso. Mucho menos creo que el viaje de los aztecas se ejecutase, como dicen comúnmente los autores, por orden expresa del demonio. Los buenos historiadores del siglo XVI y los que después han copiado, suponen como indubitable el trato continuo y familiar del demonio con todas las naciones idólatras del Nuevo Mundo, y apenas refieren suceso alguno en que no le hagan entrar como autor principal. Pero, aunque es cierto que la malignidad de esos espíritus se esfuerza en hacer cuanto mal puede a los hombres y que algunas veces se les han representdo en forma visible para seducirlos, especialmente a aquellos que aún no han entrado por la regeneración en el gramio de la Iglesia, no resulta creíble que esas representaciones fuesen tan frecuentes, ni su comercio tan franco con aquellas naciones, como suponen los historiadores; porque Dios, que vela con amorosa providencia sobre sus criaturas, no permite a aquellos capitales enemigos del género humano tanta libertad para dañar. Por tanto no extrañen los lectores que hubieren leído algunos sucesos de esta historia en otros autores, que no me conforme en este punto con su credulidad. No debo creer que intervino el demonio en algún suceso por el testimonio de algunos historiadores mexicanos, a quienes las ideas supesticiosas de que estaba poseído su espíritu, o la supechería de los sacerdotes, que es común en las naciones idólatras, pudo fácilmente inducir en error.

Finalmente, la salida de los aztecas o siete tribus de nahuatlacas, que es cierta, fuese por el motivo que se quiera, sucedió, según lo que he podido rastrear por la cronología, hacia el 1160 de la Era Vulgar. Torquemada testifica haber visto en todas las pinturas antiguas del viaje de los aztecas representado un brazo de mar o río grande que pasaron. No hay duda de que para ir de su patria a Hueicolhuacán (hoy Culiacán), que fue su primera mansión, pasaron el célebre río Colorado; y éste podría ser el notado en las pinturas, por ser el más considerable que les ocurrió en su largo viaje; pero yo creo que el pretendido brazo de mar no es otro que la imagen del Diluvio Universal representado en las pinturas mexicanas antes del viaje de los aztecas, según lo que diremos en otro lugar. Un año tardaron de Aztlán a Culiacán, y aquí estuvieron tres años. Es natural que edificasen chozas para su habitación y sembrasen las semillas que consigo llevaban para su sustento, como hicieron en los demás lugares en que fue larga su demora. En este lugar fabricaron un ídolo de Huitzilopochtli, dios protector de la nación, para que les acompañase en toda su peregrinación. Para transportarlo hicieron una silla de juncos que llamaron teoicpalli (asiento de dios) y señalaron los sacerdotes que debían llevarlo en hombros, que eran cuatro cada vez, a los cuales dieron el nombre de teotlamacazque (siervos de dios), y a la acción misma de llevarlo llamaron teomama (cargar a dios).

De Culiacán por algunas jornadas pasarón a Chicomoztoc, en donde quedó lola la tribu de los mexicanos, habiendo pasado adelante la de los xochimilcas, chalcas, tepanecas, tlahuicas y tlaxcaltecas. Esta división dicen ellos que se hizo por orden expresa de su dios; pero los más verosímil es que alguna discordía los separó. El ídolo quedó con los mexicanos, despues de haber estado nueve años en Chicomoztoc, pasaron a Coatlicamac, en donde se dividió la tribu en dos facciones y partidos, que en lo de adelante produjeron funesos efectos. La causa dicen haber sido dos envoltorios que aparecieron en medio de su real. Llegando algunos a descubrir el primero, hallaron en él una piedra preciosa sobre la cual hubo contiendas, pretendiendo todos poseerla como prenda de su dios. Pasando a descubrir el otro envoltorio, vieron que sólo contenía dos leños. A la primera vista lo despreciaron ; pero advertidos del prudente Huitzon de la grande utilidad de aquellos leños para sacar fuego, los apreciaron más que la piedra preciosa. Los que se adjudicaron la piedra fueron los que después de la fundación de México se llamaron tlaltelolcas, por el lugar que fundaron junto a aquella ciudad, y los que se quedaron con los leños fueron los que después se llamaron tenochcas o mexicanos. Pero esta narración no tanto debe mirarse como historia cuanto como un apólogo inventado para enseñar que en las cosas es más apreciable su utilidad que la hermosura. Estos dos partidos no obstante su emulación, caminaron siempre juntos por el interés imaginario de la protección de su dios. A los tres años de estadía en Coatlicamac, pasaron otro lugar cuyo nombre ignoramos, y de allí a Huahuacatlan, a Apanco, a Chimalco y a pipiolcomic, en que consumieron 20 años y en 1196 arribaron a la célebre ciudad Tollan.

Los nombres de algunos de los expresados lugares o se han olvidado enteramente o son poco conocidos. Quiero, pues, para satisfacer la curiosidad de los que viven en aquel reino, exponer el derrotero que siguieron los aztecas en su peregrinación valiéndome de los nombres que al presente están en uso. Lo que diré en este asunto va fundado en la tradición de aquellas naciones, en los vestigios que hasta hoy subsisten de los grandes edificios que construyeron los aztecas en sus mansiones, y en las noticias combinadas de los autores. Salidos, pues, de su patria Aztlan, pasaron el río Colorado más arriba de grado 35 y dirigiéndose al sureste hicieron mansión en las inmediaciones del río Gila. Aquí se ven hasta hoy unos antiquisimos edificios, conocidos de los españoles con el nombre "Casas Coloradas" que según la tradición de las naciones que habitan de tiempo inmemorial aquellos países, fueron fabricados por los aztecas cuando por ahí pasaron a la tierra de Anáhuac. Pasando el río Gila hicieron varias jornadas hacia el sur hasta el amenísimo valle de San Buenaventura, en donde subsiten unas fábricas magníficas y de un gusto peculiar con el nombre vulagar de "Casas Grandes", sobre las cuales hay la misma tradición y aun más autorizada que sobre las antecedentes.

De aquí , dirigiéndose al sureste por la Trahumara, la Tepehuana y la Sinaloa, arribarón a Culiacán, de allí caminaron al oriente por la tierra en donde está el Real de Rosario a las inmediaciones de Nayarit, y de aquí por Colotlán el país de los zacatecas. En el Nayarit se hallaron vestigios de las trincheras que hicieron los indios coras para defenderse, según ellos testificaron, de las invasiones de los aztecas, y siete leguas al sur de la ciudad de Zacatecas halló Torquemada a fines del siglo XVI unas soberbias casas muy antiguas, que según tradición de los zacatecas, fueron obra de los aztecas en su peregrinación. Hasta hoy subsisten estas fábricas, aunque ya casi arruinadas. Conjeturo que en este lugar fue donde se dividieron las tribus; las seis se encaminaron derechamente a Anáhuac, y los mexicanos hicieron, como ya veremos un gran rodeo. El hallarse ya tan disminuidos desde este lugar con la separación de las otras tribus, debió se la causa de que en lo restante del viaje no construyesen tan grandes edificios. Del país de los zacatecas bajaron hacia el sur por Ameca, Cocula y Sayula a provincia marítima de Colima y después a Zacatula, desde donde volvieron a subir hasta Malinalco y de allí a Tula.(...)

No hay que admirarse que los aztecas edificasen en alguns partes grandes y suntuosas casas, creyendo, como verosímilmente creerían, que cada una de sus mansiones sería el término de su peregrinación. Algunas tierras les parecían al principio adecuadas para su establecimiento, que después abandonaron por la experiencia de algunos inconvenientes no previstos. La causa de haber hecho tan grandes rodeos y haber caminado 300 ó 400 leguas más de lo que necesitaban para llegar a Anáhuac, sería sin duda el no haberse propuesto término fijo en su viaje buscando ya a uno ya otro rumbo del país donde pudiesen gozar con ventajas de todas las comodidades de la vida. En cada lugar en donde llegaban levantaban altar a su dios, y en su partida dejaban a los viejos y los enfermos y verosímilmente algunos para que los cuidasen, o que, cansados de tan larga peregrinación, no quisiesen exponerse a nuevas fatigas.

En Tollan estuvieron nueve años y después once en otros lugares, hasta que en 1216 llegaron a Zumpango, ciudad considerable del valle de México. El señor de ese lugar se llamaba Tochpanécatl, los recibió con singular humanidad los regaló con abundantes refrescos, les señalo sitio donde comodamente se alojasen y, no satisfecho con estas demostraciones, prendado con el largo trato de sus bondades, pidio a los jefes de la nación le diesen una doncella noble para mujer de su hijo Ilhicatl. Los mexicanos, obligados por tan sigular benevolencia, le dieron a Tlacapantzin, que caso luego con aquel ilustre joven de quien tuvo origen, como veremos, la casa real de México. Después de siete años de demora en Zumpango pasaron, según dicen, con el joven Ilhucatl a Tizayocan (Tizayucan), en donde parió Tlacaantzin un niño que se llamó Huitzilihutl, y en este mismo tiempo dieron otra doncella mexicana a Xochiatzin, señor de Cuauhtitlán. De Tizayucan pasaron a Ehecatepec, Tolpetlac, Chimalpan, Coatitlán, Huexachtitlán, Tecpayocan, Tepeyacac (donde hoy esta la villa y celéberrimo Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe) y Pantitlán, lugares situados en las riberas del lago de Texcoco, y muy cercanos al sitio de México en los cuales estuvieron 22 años.

Desde que asomaron los mexicanos al valle de México, fueron reconocidos por orden del rey, que era entonces Xólotl, y viendo que venían de paz les dejó libertad para establecese donde pudiesen; pero hallándose ellos en Tepeyacac fueron bastante incomodados por Tenancacaltzin, señor de Tenayocan, en cuya vecindad está aquel lugar; y fueron tantas las vejaciones que se vieron precisados a refugiarse en Chapultepec, monte situado en ribera occidental del lago de Texcoco, apenas dos millas distantes del sitio de México. Pasaron a Chapultpec el año de 1245 reinando Nopaltzin, Quinatzin como dicen Torquemada y Boturini.

Las persecusiones que en este lugar sufrieron de parte de algunos señores especialmente del de Xaltocan, los obligaron a buscar otro asilo más seguro al cabo de 17 años. Halláronlo en unos islotes que había en una de las extremidades de la laguna, cuyo lugar llamaban Acocolco. Aquí pasaron por espacio, según dicen de 52 años la vida más pobre y miserable del mundo. Manteníanse de pescado y de todo género de insectos y raices palustres. Su vestido, por habérseles consumido la ropa que traían, era de las hojas de una planta llamada amoxtli, de que hay mucha abundancia en la laguna. Sus casas eran unas miserables chozas de carrizo y espadaña. Increíble se haría que pudiesen mantenerse por tantos años en sitio tan estrecho y en una vida tan trabajosa si no constara en sus historias.



15 de junio 2009











CAUTIVERIO DE LOS MEXICANOS EN COLHUACÁN




Mas aquí, finalmente, en medio de tanta miseria eran libres y la dulzura de la libertad les templaba las demás amarguras; pero el año de 1314 se añadió la desgracia de la esclavitud a las demás miserias. El suceso se refiere con variedad; unos historiadores dicen que el señor o reyezuelo de Colhuacán, ciudad no muy distante de aquel sitio no sufriendo que los mexicanos se mantuviesen sin pagar tributo en su territorio, les hizo guerra y vencidos los llevó cautivos. Otros afirman les envió un capitán que de su parte les dijese que, compadecido de la vida miserable en las estrecheces de aquellos islotes, les acordaba en sus tierras un sitio más acomodado donde podrían vivir con mayor desahogo y quietud; y que los mexicanos, que no deseaban otra cosa, aceptaron luego con agradecimiento el partido y salieron con mucho gusto de sus pobres islotes; pero que apenas pusieron pusieron el pie fuera de la laguna, cundo dieron sobre ellos los colhuas y los hicieron prisioneros. Fuese de una y otra suerte, es cierto que fueron conducidos cautivos a Tizapán, lugar de aquel señorio; y no dudo que estuvieron también presos en Huitxilopochco o Churubusco, y que ese nombre se le dio por haber edificado allí un adoratorio a su dios protector Huitxilopochtli.

Ya llevaban algunos años de servidumbre, cuando se les ofreció a los colhuas hacer guerra a sus vecinos los xochimilcas, y con tanta infelicidad que en todos los encuentros que tuvieron llevaron siempre la peor parte. Afligido el general de los colhuas de tantas pérdidas, resolvió servirse de los cautivos y les ordenó se dispusiesen a la guerra, pero no les proveyó de armas porque se habían ya acabado, según se puede creer, las que había. Los mexicanos, creyendo que esa era una bella ocasión para merecerse la gracia de su señor, determinaron emplear el último esfuerzo de su valor. Proveyéronse de unos palos largos y fuertes cuyas puntas tostaron al fuego, así para que les sirviesen de lanzas contra los enemigos, como para ayudarse ellos en el salto de uno a otro césped, si se ofreciese, como efectivamente se ofreció, combatir en lugar pantanoso. Hicieron adargas de caña mojada y llevaron todos unas navajas de itxtli. Concertáronse antes de la batalla en no detenerse, como acostumbraban, en hacer prisioneros, sino cortar solamente una oreja a los que les viniesen a las manos y dejarlos ir sin más daño. Con esta prevencion salieron a campaña los mexicanos, y mientras los colhuas y los xochimilcas combatian por tierra en la ribera de la laguna y parte por agua en barquillos bien aderezados, se arrojaron impetuosamente sobre los enemigos ayudándose en el agua con las lanzas, a cuantos habían a las manos les cortaban la oreja y las guardaban en unos cestillos que habían prevenido para ese efecto, y si el enemigo hacía resistencia le quitaban la vida. Obtuvieron tan completa victoria con el socorro de los mexicanos, que los xochimilcas, no solamente abandonaron el campo quedando en él muchos muertos, sino que, no permitiéndoles el terror parar en su ciudad, se refugiaron en las montañas.

Concluida esta acción con tanta gloria, se presentaron según la costumbre los soldados colhuas a su general con los prisioneros que habían hecho en aquella batalla; porque en aquellas naciones no se apreciaba tanto el valor de los soldados por el número de los enemigos que habían muerto cuanto por los que habían apresado vivos. Máxima en que tenían mucha razón y no poca humanidad. Si puede el principe devengar sus derechos y repeler la fuerza sin dar muerte a sus enemigos, la humanidad exige que se les conserve la vida. Si se atiende a la propia utilidad el enemigo muerto no pude dañar, pero tampoco puede servir, y del prisionero puede sacarse mucho provecho sin peligro de recibir perjuicio. Si a la gloria, mucho menos esfuerzo se requiere para quitar a un hombre la vida en el calor de una acción que para privarle solamente de su libertad. Fueron también llamados los mexicanos a hacer alarde de sus cautivos; pero no presentando ningunos (porque cuatro solamente que habían apresado los tenían ocultos para el fin que ya diremos) fueron burlados como hombres cobardes del general y sus soldados. Entonces los mexicanos presentando las cestillas de orejas que habían cortado: "Ved ahí - les dijeron - por el número de orejas que os presentamos, el de los cautivos que podríamos haber traído si hubiéramos querido; pero no quisimos perder tiempo en maniatarlos, por aniciparos la victoria. " Con esto quedaron los colhuas satisfechos, pero al mismo tiempo más recelosos que antes de la astucia y valor de sus cautivos,

Los aztecas se volvieron al lugar de su habitación (que era entonces, sugún sospechamos, Huitzilopochco), en donde edificaron un altar a su dios protector; pero necesitando para su dedicación de alguna particular ofrenda, la pidieron al señor de Colhuacan, el cual la envió por medio de sus sacerdotes. Éstos la llevaban envuelta en un lienzo sucio y colocándola en el altar de los mexicanos se retiraron prontamente sin hablarles palabra. Los mexicanos, ansiosos de ver la ofrenda, desenvolvieron el lienzo y hallarón con un poco de estiercol, una maraña de cabellos y un ruin pájaro muerto. Ya se deja entender la ira que concibieron con tan indigna burla; pero, reservando paro otro tiempo la venganza, arrojaron de allí aquellas suciedades y en su lugar pusieron una navaja muy aguda y una hierba odorifera. Llegado el día de la dedicación del altar, fue a asistir el señor colhua con los principales de la ciudad, más por burlarse de sus cautivos que por honrar su fiesta. Comenzáronla los mexicanos con un solemne baile, para el cual sacaron los mejores vestidos que pudieron, y cuando los circunstantes estaban más divertidos, sacaron repentinamente al baile los cuatro prisioneros xochimilcas que hasta entonces habían tenido ocultos, y después de hacerlos bailar por un rato, los sacrificaron sobre una piedra redonda rompiéndoles el pecho con un cuchillo de itztli y sacándoles el corazón, que caliente y vaheando ofrecieron a su dios. De este inhumano sacrificio, el primero de su especie que sabemos haberse ejecutado en aquella tierra, quedaron tan aturdidos los colhuas que, vueltos a su ciudad, deliberaron sobre el partido que convendría tomar para deshacerse de unos hombres tan crueles que con el tiempo les podian ser muy perjudiciales. Resolvió Coxcox (que éste era el nombre del señor de Colhuacán) que saliesen luego de su estado.

Salieron los mexicanos, no poco gustosos, de su cautiverio y encaminaron hacia el norte de Colhuacán a un lugar que se llamaba Acatzitzintlán y después se llamó Mexicaltzingo, que significa casi lo mismo que México, y le impondrían el nombre por el mismo motivo que tuvieron para ponerlo poco después, como ya veremos, a su ciudad; pero por parecerles poco comodo este lugar, o por retirarse más de los colhuas, pasaron a Ixtacalco, acercándose cada vez más al sitio de México. En Ixtacalco fabricaron un montecillo de papel en que representaban, según conjeturo a Colhuacán y pasaron una noche entera bailando en contorno de él y cantando su victoria sobre los xochimilcas y dando gracias a su dios por haberlos liberado de los colhuas. A los dos años de estar en Ixtacalco y a los 21 de haber ido cautivos a Colhuacán pasaron finalmente al lugar de la laguna donde debían edificar su ciudad. Hallaron en él un nopal, o árbol de tierra, nacido en una piedra y sobre él un águila. Por esta circunstancia dieron a aquel lugar y después a la ciudad el nombre de Tenochtitlán. Dicen todos o casi todos los historiadores de México que esa era la señal que les había dado su oráculo para la fundación de la ciudad; sobre lo cual refieren otras cosas preternaturales que omito porque son fabulosas o al menos inciertas.




16 de junio 2009











FUNDACIÓN DE MÉXICO


Luego que los mexicanos tomaron posesión del lugar, edificaron una capilla a su dios Huitzilopochtli; la dedicación de este pobre santuario no se hizo sin sangre humana, porque habiendo salido un mexicano en busca de algún animal que sacrificar en esta fiesta, encontró a un colhua llamado Xomomitl. Apocas razones por la mala disposición de los ánimos vinieron a las manos, venciendo el mexicano, y maniatado lo llevó a los de su nación, quienes, no olvidados de la burla que el señor de Colhuacán les hizo, lo sacrificaron luego a su dios, y con grande regocijo presentaron en el altar el corazón arrancado del pecho. En contorno de este santuario fabricaron sus humildes chozas de carrizo y enea por carecer de otros materiales. Éste fue el principio de la gran ciudad Tenochtitlán, que algún día debía ser la capital de un gran imperio y la mayor y más bella ciudad de todo el Nuevo Mundo.

Llamose también México (que es el nombre que después prevaleció ), cuya apelación tomó el nombre de su dios, y es lo mismo que lugar de Huitzilopochtli o Mextli, que ambos nombres le daban. La fundación de México fue en el año 2 calli (2 casa), que corresponde a 1325 de la Era Vulgar, reinando el chichimeca Quinatzin, poco menos de dos siglos después de la salida de los nahuatlacas de Aztlán.

No por haber mudado los mexicanos de sitio mejoraron luego de fortuna. Aislados en medio de la laguna, sin tierras en que sembrar, sin ropa de que vestirse y en perpetua desconfianza de todos los comarcanos, vivian tan miserablemente como en los lugares antecedentes, manteniéndose de los animales y vegetales acuátiles. ¿Pero de qué no es capaz la industria de los hombres estimulada por la necesidad? La mayor que sufrian los mexicanos en aquella situación era la falta de suelo para su población, porque el islote en que se habían establecido no era suficiente al número de habitantes. Para remediarla hicieron estacadas en algunos bajios de la laguna y los terraplenaron con piedra y céspedes, uniendo al islote principal varios otros menores poco distantes. Pero para proveerse de madera, piedra, ropa víveres y de todo lo necesario para su habitación, vestuario y sustento, se aplicaron con notable empeño a la pesca, no solamente del bello pescado blanco que cría la laguna, sino también de otras especies de pececillos y de insectos palustres que hicieron comestibles, y a a la caza de las inumerables especies de aves que acuden en busca de su sustento en aquellas aguas.

Con el comercio que hacian de todos aquellos efectos en las poblaciones que había en las riberas de ambos lagos, adquirían lo que les faltaba. Pero en lo que hizo el último esfuerzo su industria fue en formar del mismo cieno de la laguna sementeras nadantes (cuya fábrica y figura expondremos en otro lugar), en las cuales sembraban maíz, chía, calabaza y pimiento.





17 de junio 2009








DIVISIÓN DE LOS MEXICANOS Y FUNDACIÓN DE TLALTELOLCO



Así pasaron los mexicanos los trece primeros años, dando la forma que podían a su población y esforzándose en remediar la miseria con su trabajo; hasta aquí se había mantenido unida toda la tribu, a pesar del desafecto que reinaba entre aquellos dos partidos que se hicieron en el tiempo de su peregrinación. La emulación que había pasado de padres a hijos vino finalmente a reventar en el año de 1338. Uno de los partidos, impaciente ya de sufrir al otro, resolvió separarse para siempre; pero no pudiendo, por la situación en que se hallaban las cosas, alejarse tanto cuanto su odio le sugería, se retiró a otro islote al norte y no muy distante de Tenochtitlán, al cual, por un montón de arena que en el hallaron le llamaron Xaltilolco, y después, por elterraplén que en él hicieron, le nombraron Tlaltelolco que es el nombre que hasta hoy ha conservado.

Los que ocuparon ese pedazo de tierra que después se unio a Tenochtitlán, se nombraron en adelante tlatelolcas, y los que quedaron en el primer sitio tenochcas; pero nosotros los llamaremos mexicanos como los llaman comúnmente los demás historiadores. Antes o después de su división repartieron los mexicanos su ciudad en cuatro cuarteles, señalando a cada uno su dios protector. Esta división subsite hasta hoy con los nombres de: San Pablo, San Sebastián, San Juan y Santa María.





18 de junio 2009









SACRIFICIO INHUMANO EN LA DEDICACIÓN DE SU PRIMER SANTUARIO


En el centro de los cuatro cuarteles estaba el santuario de Huitzilopochtli, al que cada día tributaban mayor culto. En su obsequio ejecutaron por ese tiempo un sacrificio horrible, de cuya precisa narración no puede menos de resentirse la humanidad. Enviaron una embajad al señor de Colhuacán suplicándole les concediese una de sus hijas para consagrarla como madre de su dios protector, expresándole que su mismo dios la pedía para exaltarla a ese honor. El colhúa, o codicioso de la gloria de tener una hija deificada, o temeroso de alguna grave desgracia si contradecia a la demanda de un dios, acordó luego lo que se le pedía.

Llevaron los mexicanos la doncella a su ciudad con grande regocijo pero apenas llegada, mandó según dicen, el demonio, que se la sacrificasen, que después de muerta la desollasen y se vistiese con su piel uno de los más esforzados jovenes de la nación. Interviniese o no la dicha orden del demonio, todo se ejecutó al pie de la letra. Convidaron al señor de Colhuacán para que fuese a hallarse presente a la apoleosis de su hija. Fue el desgraciado padre para ser espectador de aquella gran función y uno de los adoradores de aquella nueva deidad. Introdujéronlo en el santuario en que estaba en pie a un lado del ídolo el joven vestido de la sangrienta piel de la sacrificada doncella, pero la oscuridad del lugar no le permitió ver lo que en él había. Pusiéronle en las manos un braserillo y un poco de copal para que comenzase sus cultos, pero habiendo visto a la luz de la llama que levantó el copal, el horroroso espectáculo que tenía delante, se le conmovieron de dolor las entrañas y poseido de un tropel de violentos afectos salió como loco dando gritos a su gente y ordenando que tomasen venganza de tan bárbaro atentado más no atreviéndose ninguno de los suyos a una acción, en que sin duda perdieran todos la vida oprimidos de la multitud, se volvió inconsolable a su ciudad a llorar su infortunio lo restante de su vida.

Quedó desde entonces aquella doncella constituida diosa y madre honoraria, no solamente de Huitzilopochtli, sino de todos los dioses; que eso significa el nombre de Teteoinan, con que en adelante fue conocida y reverenciada, como diremos en otro lugar. Tales fueron en aquella nueva ciudad los ensayos del bárbaro y execrable sistema de religión que después veremos.




19 de junio 2009




Coxcoxtli rey de Colhuacan recibe a los prisioneros mexicas



LIBRO III

FUNDACIÓN DE LA MONARQUÍA MEXICANA.- SUCESOS DE LA NACIÓN DURANTE SUS CUATRO PRIMEROS REYES HASTA LA RUINA DE LOS TEPANECAS Y CONQUISTA DE ATZCAPOTZALCO.- HAZAÑAS DE MOCTEZUMA ILHUICAMINA.- GOBIERNO Y MUERTE DE TECHOTLALLA, QUINTO REY CHICHIMECA.- REVOLUCIONES DE ACOLHUACAN Y MUERTE DE SU IXTLIXOCHITL.- Y DE LOS DOS TIRANOS TEZOZOMOC Y MAXTLATÓN.





1.- ACAMAPICHTLI, PRIMER REY DE MÉXICO


Hasta el año de 1352 había sido aristocrático el gobierno de los mexicanos, obedeciendo siempre la nación a un cuerpo formado de las personas más notables y distinguidas. Los que la mandaban cuando fundaron la ciudad eran 20, entre los cuales el de más autoridad era Tenoch. según expresan sus pinturas. El sumo abatimiento en que se hallaba la nación, las molestias que recibían de los comarcanos y el ejemplo de los chichimecas, los tepanecas y los colhuas, los obligaron a erigir su gobierno en monarquía, confiando que la autoridad real daría algún lustre a todo el cuerpo de la nación y que en el nuevo jefe tendrían un padre que velaría sobre el estado y un general que se apersonaría a los peligros y los defendería de los insultos de sus enemigos.

Fue electo de común acuerdo Acamapichtli o por aclamación del pueblo o por sufragios de algunos electores, en cuyo parecer se comprometieron los demás, como se acostumbró después . Era Acamapichtli uno de los más nobles y prudentes que entonces tenían. Era hijo de Oochtli, nobilisimo mexicano, y de Atozoztli, joven princesa de la casa real de Colhuacan. Por parte de padre descendía de Tochpanécatl, aquel señor de Tzompanco que tan benignamente acogió a los mexicanos, y era a lo que parece un cuarto nieto. Las fiestas de su coronación serían, como se deja entender, proporcionadas a la humilde fortuna en que vivían.

Tratóse luego de darle mujer, porque era soltero, y para su mayor exaltación se pensó en que fuese una hija de alguno de los principales señores de aquella tierra. Despacharon a este fin una
al señor de Tacuba y otra al rey de Atzcapotzalco, pero en ambas partes fueron desechados con desprecio. No acobardados con tan ignomimiosas repulsas, fueron con la misma demanda a Acolmiztli, señor de Coatlinchany descendiente del menor de los tres príncipes acolhua, suplicándole humildemente se dignase de honrar a la nación mexicana dándole por reina una de sus hijas. Condesendió Acolmiztli a sus deseos y les dio a su hija Ilancuetil, la cual llevaron en triunfo a México y con singular regocijo festejaron los desposorios. Los tlatelolcasque, como vecinos y rivales estaban siempre a la mira de lo se hacia en la parte de Tenochtitlán, por emular la gloria de los mexicanos y por no ser en algún tiempo oprimidos de su poder, crearon también su soberano; pero no pareciendoles conveniente que fuese de su nación, sino de la de los tepanecas (a cuyo señor pertenecía no menos el sitio de Tlatelolco que el de México), pidieron al rey de Atzcapotzalco les concediese uno de sus hijos que los gobernase como rey y a quien sirviesen como vasallos.




21 de junio



La guerra contra los xochimilcas, y el corte de orejas, que aquí son narices.





CUACUAUHPITZÁHUAC, PRIMER REY DE TLATELOLCO

El rey les dio a su hijo Cuacuauhpitzáhuac, al cual coronaron luego rey de Tlatelolco con grandes aclamaciones. Esta coronación se celebró el año de 1353. Es muy verosímil que los tlatelolcas, en ocasión de hacer esa demanda al rey de Atzcapotzalco, así por adularle como por hacer daño a sus rivales, le ponderasen el atrevimiento de los mexicanos en haber elegido rey sin su consentimento y las funestas consecuencias que semejante atentado podía traer al estado de los tepanecas; porque pocos días después llamó aquel rey a consejo a los principales de Atzcapotzalco para deliberar sobre el caso. "¿Qué os parece- les dijo- ,nobles tepanecas el atentado de los mexicanos? Ellos se han introducido en nuestros dominios y han aumentado considerablemente su ciudad y su comercio, y lo que es más, se han atrevido a elegir rey sin nuestro permiso. Si esto hacen en los principios de su establecimiento ¿qué no haran después cuando se haya multiplicado se gente y aumentado sus fuerzas? ¿No es de temer que con el tiempo, en vez de pagarnos el tributo que les hemos impuesto, pretendan que nosotros lo paguemos a ellos, y que el rey de los mexicanos quiera serlo también de los tepanecas? Por lo tanto me parece necesario agravarles tanto el tributo que trabajando por pagarlo se consuman, o no pagándolo los obliguemos con otros males a salir de nuestro estado.

Aplaudieron todos, como se debía esperar, la resolución de su rey; porque el príncipe que en sus consultas manifiestas su inclinación, más solicita panegiristas que lo ensalcen que consejeros que lo iluminen.





23 de junio 2009


NUEVO TRIBUTO IMPUESTO A LOS MEXICANOS


Mandó luego decir a los mexicanos que el tributo que hasta allí habían pagado era muy corto y por tanto en adelante los doblasen; que además de eso necesitaba de cierto número de estacas de sauces y abetos para plantarlos en las calles y huertas de su corte, y juntamente le condujesen por agua una sementera de toda especie de semillas usuales ya nacidas. El tributo que les había impuesto algún tiempo antes el rey de Atzcapotzalco era de cierta cantidad de pescado y cierto número de aves palustres. Afligiéronse mucho los mexicanos viéndose ahora agravados con esta nueva servidumbre, y temiendo que cada día fuera mayor; pero cumplieron todo lo que se les ordenó, llevando al tiempo prefijo el pescado y la caza, las estacas y la sementera nadante. El que no haya visto los bellísimos jardines que hasta el tiempo presente se cultivan en medio del agua, la facilidad con que los transportan a donde quieren, calificará de patraña este suceso; pero los que las han visto como yo y cuantos hemos navegado aquel lago, que es una de las más dulces recreaciones del mundo, no tendrá motivo para desconfiar de la verdad de la historia.

Recibidó este tributo, mandó el rey que para el año siguiente le llevasen otra sementera como la pasada y en ella un ánade y una garza empollando sus huevos, pero de tal suerte que al llegar a Azcapotzalco comenzasen una y otra a sacar sus pollos. Obedecieron los mexicanos y tomaron tan bien sus medidas que tuvo el necio príncpe el placer de ser testigo del nacimiento de los pollos. Ordenóles luego que, además de la sementera, le llevase un ciervo vivo. Esta orden era de más difícil ejecución para los mexicanos, porque para cazar el ciervo era menester ir al los montes de tierra firme, lo cual no podían hacer sin grave riesgo de caer en poder de sus enemigos. Sin embargo de la dificultad, lo ejecutaron por quitar al rey todo pretexto para mayores vejaciones. Los historiadores dicen que en todos estos aprietos acudían a su dios y éste les facilitabal la ejecución; pero es cierto que para nada de cuanto se les cordenó necesitaban el auxilio del demonio.

Esta pesada servidumbre sufrieron los mexicanos por más de cincuenta años. El pobre Acamapichtle tuvo sobre estos trabajo el de la esterilidad de la reina Ilancuetil; la cual, reconodida de los mexicanos trataron de darle una segunda mujer, que pideron al señor de Tetepanco. Dioles éste a su hija Tezcatlmiáhuatl, el la cual tuvo el rey muchos hijos, y entre otros a Huitzilihuitl y Chimalpopoca, que fueron sus sucesores en la corona. Tomó la segund mujer sin dejar la primera, y estaban ambas tan bien avenidas entre sí que Ilancuetil se encargó de la educación de Huitzilihuitl. Tuvo, aunque no en calidad de reinas, otras mujeres, y entre ellas una esclava en quen tuvo al célebre Ixcóatl, uno de los mejores reyes que hubo en Anáhuac, como después diremos. Gobernó pacificamente su ciudad, a que se reducía entonces reino, por espacio de casí 37 años. En su tiempo se acrecentó la población, se edificaron algunas casas de piedra y se comenzaron las acequias que fueron de tanta hermosura y utilidad a la ciudad.

El interprete de la colección de Mendoza atribuye a este rey la conquista de Mixquic, Cuitlahuac, Cuauhnáhuac y Xochimilco; pero mal podrían conquistar los mexicanos otras ciudades cuando apenas podían mantenerse en la suya. Lo más verosímil es que sirviesen de tropas auxiliares a otros estados contra aquellos lugares, como sirvieron poco después al rey de Texcoco contra Xaltocan. Pero antes de morir Acamapichtli llamó a los principales de la ciudad y les hizo un buen razonamiento encargándoles el buen trato de sus mujeres e hijos y el celo del bien público. Dijóles que, habiendo recibido liberalmene de su mano la corona, se las volvía para que la diesen a quien les pareciese que sería más útil al estado. Protestóles el dolor con que moría dejando a la nación tributaria de los tepanecas. Su muerte, que fue el año 1389, fue muy sentida y sus exequias se celebraron con cuanta solemnidad permitía el estado presente de la nación.

Desde su muerte hasta la elección de su sucesor hubo, según dice el Dr. Sigüenza y Gongora, un intervalo de cuatro meses, lo cual no volvió a suceder en lo adelante, pues a pocos días de la muerte de uno se elegía otro. Esta vez pudo haberse retardado la elección, por haberse ocupado de arreglar el número de electores y el ceremonial de la coronación, según se puede rastrear de la misma historia. Juntos, pues, los electores, nombrados por la nobleza, tomo la voz un anciano y les habló de esta suerte: "Mis canas me dan confianza para hablar el primero. Ya veis, nobles mexicanos, la pérdida lamentable que hemos tenido en la muerte de nuestro rey. Ningunos más le deben llorar que nosotros que eramos las plumas de sus alas y las pestañas de sus ojos. Veis también la triste situación en que nos hallamos bajo la dominación de los tepanecas, con sumo oprobio de nuestra nobleza y esfuerzo. Pensad pues en elegir un rey que cele el honor de nuestro poderoso Huitzilochtli, que repare con el esfuerzo de su brazo los ultrajes que padece la nación, y que ampare con su clemencia a los viejos, los huerfanos y las viudas."




25 de junio





HUITZILÍHUITL, SEGUNDO REY DE MÉXICO


Concluida esta arenga dieron sus sufragios y salió electo Huitzilíhuitl, uno de los hijos de Acamapichtli, correspondiendo de esta suerte los electores a la generosidad con que el difunto rey dejó a su arbitrio la elección. Salieron luego de la junta puestos en orden a la casa del electo, sacándole de entre sus hermanos lo llevaron en medio, lo colocaron en el tlatocaicpalli o asiento real, pusiéronle el copilli o corona, ungieronle en la forma que en otro lugar diremos, y uno por uno le dieron la obediencia.

Entonces uno de los principales levantó entre todos la voz y dijo así al rey: "No desmayéis, generoso joven, con la nueva carga que se ha echado sobre vuestros hombros de jefe de una nación encerrada entre espadañas y cañaverales. Pena es grande poseer un reino establecido en terminos ajenos y mandar una nación tributaria de los tepanecas. Pero consolaos, que estamos bajo la protección de nuestro gran dios Huitzilopochtli, cuya imagen sois y cuyo lugar ocupáis. La dignidad que os ha conferido no debe serviros de pretexto para el ocio sino de aliento para la fatiga .Tened siempre presentes los ilustres ejemplos de vuestro gran padre, que no perdonó trabajo alguno para el bien de su pueblo. Quisiéramos, señor, haceros unos presentes dignos de vuestra persona; pero ya que no lo permite nuestra fortuna, recibir nuestros buenos deseos y la fidelidad constante que os prometemos."

Aun no era casado Huitzilíhuitl cuando subió al trono, y así trataron luego de darle mujer y que no fuese otra que una de las hijas de su señor rey de Atzcapotzalco; mas por no exponerse a un desaire tan ignominioso como el que sufrieron en tiempo de Acamapichtli, concertaron hacer la demanda con las mayores demostraciones de sumisión y rendimiento. Fueron, pues, algunos nobles a Azcapotzalco y, presentados ante el rey, se arrodillaron y propusieron en estos términos su demanda: "Aquí tenéis, gran señor, a los pobres mexicanos postrados a vuestros pies, esperando de vuestra clemencia una merced muy superior a sus méritos; porque ¿ A quién hemos de acudir, si no a vos que sois nuestro padre y nuestro señor? Veisnos aqui pendientes de vuestra boca, y obedientes a cuanto vuestro corazón os dictare. Os pedimos pues, con la mayor humidad, que tengáis compasión de nuestro rey y vuestro siervo Huitzilíhuitl, metido entre los espesos carrizales de la laguna. Él está sin mujer y nosotros sin reina. Dignaos, señor, de soltar de vuestras manos una de vuestras joyas, una de vuestras ricas y preciosas plumas. Dadnos una de vuestras hijas para que vaya a mandar a vuestra propia tierra".

Estas expresiones, que son especialmente bellas en la lengua mexicana, movieron de tal suerte el ánimo de Tezozomoc (que éste era el nombre del rey) que luego condesendió a sus súplicas y les entregó a su hija Ayauhcihuatl que, conducida a México con grande acompañamiento y regocijó, fue dada por mujer a Huitzilíhuitl con la acostumbrada ceremonia de atarles las extremidades de los vestidos. De esta mujer tuvo el rey el primer año un hijo llamado Acolnahuácatl; pero deseando enoblecer más su nación con nuevas afinidades, pidió y obtuvo del señor de Cuauhnáhuac una de sus hijas nombrada Miahuaxóchitl, en la cual tuvo a Moctezuma Ilhuicamina, el rey más célebre que tuvieron los mexicanos.





26 de junio 2009




TECHOTLALLA, REY DE ACOLHUACÁN


Reinaba por ese tiempo en Acolhuacán, Techotlalla, hijo del rey Quinatzin. Los treinta primeros años de su gobierno habían sido muy pacíficos; pero pasado ese tiempo, se le rebeló al señor de Xaltocan que se nombraba Tzompan, y haciendose cargo de que no tenía fuerzas bastantes para contrarrestar a su soberano, llamó en su auxilio a los de Otompan, Metxtitlán, Cuauhuacán, Tecomic, Cuauhtitlán y Tepotzotlán . Noticioso el rey de su rebelión, le convidó con su gracia con tal que depusiese las armas y se sometiese a su legítimo señor; pero Tzompan fiado en la mucha gente que tenía de su parte, despreció con altanería la propuesta. Indignado el rey armó a su gente y llamó a los tepanecas, a los mexicanos y a otros pueblos de la laguna, y con este golpe de tropas dio sobre los rebeldes. La guerra fue muy obstinada y no pudo concluirse en dos meses; pero quedando finalmente victorioso el ejército real, fueron castigados con el último suplicio Tzompan y los demás jefes de los lugares rebelados. En dicho Tzompan acabó la estirpe de los señores de Xaltocan, descendientes del príncipe acolhua Chiconcuauhtli, que casó con la segunda hija de Xólotl.

Los mexicanos se retiraron a su ciudad y el rey Techotlalla, para obviar nuevas rebeliones en el futuro, dividió su reino en 65 pequeños estados, señalando a cada uno su señor, pero con sujeción y reconocimiento a la corona. De cada estado sacó alguna gente para establecerla en otros, pero quedando sujeta al señor de cuyo estado salía, persuadido que servia de freno a todos los pueblos la porción que en ellos había de gente extraña y obediente a otro señor. Política en algún modo útil para para impedir la rebelión, pero injuriosa

a los vasallos inocentes y de mucho embarazo para los señores subalternos. No satisfecho con esto, llamó a cinco de los principales señores y les confirió empleos proporcionados a sus personas. A uno, nombrado Tetlato, hizo general de las armas; a Yolqui hizo introductor y aposentador de embajadores; a Tlami dio el empleo de mayordomo de su real casa; a Amechichi encargo la limpieza y aseo de palacio, y a Cóhuatl hizo director de los plateros de Ocolco. Las piezas de oro y plata que se hacían para el rey las trabajaban los hijos del mismo director, que a ese fin habían aprendido el arte. El aposentador de embajadores tenía a sus órdenes varios otros oficiales colhuas; el mayordomo presidía a cierto número de chichimecas, y el superintendente de la limieza mandaba a otro número de tepanecas. Con esta disposición acrecentó el esplendor de su corte y se aseguró de los principales señores.

Éstos y otros golpes de política que se irán produciendo en esta historia harán ver que los hombres de América eran en el fondo de sus almas lo mismo que los de Europa; y que si alguna vez han parecido de diferente especie ha sido por una triste educación o una dura servidumbre, no les ha permitido adquirir las luces necesarias para la conducta nacional de su vida. La nueva alianza que el rey de México contrajo con el de Atzcapotzalco, y la gloria que habían ganado sus armas en la guerra de Xaltocan, contribuyeron mucho, no menos al vigor de su pequeño estado que al mejor trato de sus personas; porque, teniendo ya mayor franqueza y extensión en su comercio, comenzaron por este tiempo a vestirse de algodón, el cual hasta entonces habían carecido por su miseria; pues el común de la nación no se había vestido sino de izotl. Pero apenas comenzaban a respirar de la larga servidumbre de los tepanecas, cuando de la misma familia real de Atzcapotzalco les salió un nuevo enemigo y un sangriento perseguidor.




27 de junio 2009




ENEMISTAD DE MAXTLATON CON EL REY DE MÉXICO Y EFECTOS


Maxtlaton, señor de Coyohuacán e hijo del rey Tezozómoc, hombre ambicioso, indómito y cruel, y a quien según parece temía su mismo padre, había llevado muy mal el casamiento del rey de México con su hermana Ayauhcíhuatl. Disimuló algún tiempo su pesar por respeto a su padre; pero a los nueve años del reinado de Huitzilihuitl se fue Azcapotzalco y convocó a la nobleza para exponerle las quejas que tenía contra los mexicanos y su rey. Representóles los incrementos de la población de México, exageróles la altivez y arrogancia de aquella nación y los funestos efectos que se podían temer de las disposiciones presentes, y sobre todo se lamentó de la gravisima ofensa que le había hecho Huitzilihuitl en tomarle su mujer. Era el caso de Ayahcihuatl y él, aunque hijos de Tezozomoc, eran nacidos de distintas madres, y en aquel tiempo serían por ventura permitidos semejantes matrimonios entre los tepanecas. O en realidad quisiese Maxtlaton desposar a su hermana, o fuese, como es verosímil, un mero pretexto para ejecutar sus crueles designios, de la junta salió que se llamase a Huitzilihuitl a Azcapotzalco para hacerle el cargo que convenía.

Fue en efecto el rey mexicano; porque en aquel tiempo era muy ordinario que se visitasen los señores, así por la suma inmediación de las ciudades como por el trato más desembarazado de artificios y de etiquetas que usaban aquellas naciones.; y en Huitzilihutl concurría el motivo particular de feudatario de Atzcapotzalco, porque desde el nacimiento de Acolnahuacatl había obtenido la reina de México que su padre Tezozomoc relevase a los mexicanos del tributo que por tantos años le habían pagado, quedaron éstos con la obigación de presentarle anualmente en reconocimiento dos ánades o algunos peces.

Recibió Maxtlaton a Huitzilihuitl en una sala de su palacio, y después de haber comido con él en presencia de los nobles que le lisonjeaban sus proyectos, le hizo una fuerte y agria reconvención sobre la ofensa que decía haber recibido en el casamiento con Ayauhcihuatl. Huitzilihuitl protestó con la mayor humildad su inocencia, afirmando que ni él habría pretendido jamas tal mujer, ni su padre el rey se la habría dado si perteneciera a otro dueño. Sin embargo de la humildad de sus descargos y de la eficacia, Maxtatlon le replicó lleno de indignación: "Bien podría yo sin oíros-le dijo- daros aqui luego la muerte; que así quedaría castigado vuestro atrevimiento y satisfecho mi agravio; pero no quiero que se diga que un príncipe tepaneca dio muerte a traición a su enemigo. Id ahora en paz, que el tiempo me presentará la ocasión de tomar una venganza más decorosa a mi sangre."

Fuese con esto a México Huitzilihutl reventando de dolor y de rabia, y no pasó mucho tiempo sin que experimentase los efectos de la enemistad de su cuñado. El verdadero motivo de esta enemistad fue el recelo que concibió Maxtlaton de que en algún tiempo recayese el señorio de los tepanecas en Acolnahuacatl, como nieto que era del rey Tezozomoc y consiguiente fuese su nación dominada por la mexicana. Para aquietar, pues sus recelos, resovió y ordenó que se diese muerte a dicho sobrino, como se ejecutó, aunque los historiadores no expresen el modo , por mano de algunos hombres que con acción tan indigna quisieron conciliarse a gracia de su señor; que nunca faltan a los poderosos, hombres venales que sean ministros de sus pasiones. Tezozomoc ni había permitido ni sabido lo que pasaba; pero cuando lo supó no parece que mostró particular resentimiento, quizá por no exasperar la ira de su mal hijo. En el decurso de la historia veremos cómo la soberbia, ambición y crueldad de Maxtlaton, disimulada y aun fomentada por su indulgente padre, fue la causa de su ruina y de la nación. Huitzilihuitl sufrió a más no poder un golpe tan sensible, porque no se hallaba con fuerzas suficientes para tomar venganza.




28 de junio 2009




TLACATEOTL, SEGUNDO REY DE TLALTELOLCO


El mismo año enque sucedió esta tragedía en México, que fue el 1399, murió en Tlaltelolco su primer rey Cuacuauhpitzahuac, dejando su población considerablemente aumentada con buenos edificios, hermosos jardines y mayor policía. En su lugar fue electo Tlacateotl, de cuyo origen hablan con variedad los historiadores; unos dicen que fue tepaneca como su antecesor, y otros que fue acolhúa pedido al rey de Texcoco. La emulación que había entre los mexicanos y tlaltelolcas contribuyó infinito al engrandecimiento de una y otra población, procurando cada partido exeder en todo al otro. Los mexicanos por su parte habían emparentado con las naciones comarcanas, habían multiplicado sus sementeras en el agua, tenían ya un buen número de canoas, con que habían adelantado se pesca y comercio y se ejercitaban en combates navales previendo de cúanta utilidad les sería en el futuro. Con eso pudieron celebrar el año 1 tochtli (uno conejo); que fue en 1402, sus fiestas seculares con mucho mayor aparato que todas las antecedentes.

Reinaba aún por este tiempo en Acolhuacan, Techotlalla ya decrepito y oprimido de los años; pero conociendo que ya se le acercaba la muerte llamó a su hijo el príncipe Ixtlixóchitl y le encargó, entre otras cosas, que procurase ganarse los ánimos de los señores sus vasallos; porque podría ser que Tezozomoc, viejo astuto y ambicioso que hasta entonces se había contenido por temor, después de sus días se rebelase al imperio. Murió finalmente el rey el año de 1406 después de un largo reinado, aunque no tan dilatado, ni con mucho, como lo piensan algunos historiadores.



IXTLIXÓCHITL, REY DE ACOLHUACAN


Después de celebradas sus exequias con las ceremonias acostumbradas, se juntaron los reyes y señores feudatarios de aquella corona, para hacer la proclamación de Ixtlixóchitl. Concurrió, ente otros, el anciano rey de Azcapotzalco y desde luego manifestó cuán bien conocido tenía su caracter el anciano rey Techotlalla; porque no quiso dar la obediencia a Ixtlixóchitl, sino saliendo improvisadamente de Texcoco dio la vuelta a Azcapotzalco para solicitar los ánimos para la rebelión. Llamó luego a los reyes de Tenochtitlan y de Tlaltelolco y díjoles que muerto Techotlalla, que por tantos años los había tiranizado, quería poner en libertad a todos los señores particulares, de tal suerte que cada uno gobernase su estado con entera independencia del rey de Texcoco; que para obtener un intento tan glorioso les pedía auxilio, y confiaba de su valor, que era ya bien conocido de todos, que se harían participantes a la gloria que aspiraba; y para que el golpe fuera más cierto él llamaría en su alianza a otros señores que sabía estaban animados de los mismos pensamientos.

Los dos reyes, o por temor a la prepotencia de Tezozomoc, o por deseo de acrecentar la gloria de sus armas, se ofrecieron a servirle con su gente. Lo mismo respondieron otros señores a quienes solicitó. Entre tanto, Ixtlixóchitl procuraba arreglar las cosas de su corte y ganarse los ánimos de sus vasallos; pero reconoció, no sin grave dolor que eran ya muchos los que accedian al pérfido Tezozomoc, aun de aquellos que antes lo habían reconocido como legítimo soberano; y así temeroso de que el tiempo engrosase más el partido de sus enemigos, resovio cortar los pasos de la rebelión y deshacerse prontamente de los rebeldes. A ese fin ordeno a los señores de Huexotla y de Coatlichan y otros vecinos a la corte, que reclutase sin tardanza cuanta gente pudiesen. El mismo rey quiso salir al frente de su ejército; pero se lo embarazaron sus cortesanos, persuadidos de que su presencia era más necesaria en la corte que en la campaña; porque enmedio de tanta turbulencia era fácil que sus enemigos ocultos, o de fidelidad equivocada que había en Texcoco, se aprovechasen de su ausencia para levantarse con la ciudad y derribar el trono. Nombró, pues, por general del ejército a Tochinteuctli, hijo del señor de Coatlinchan, y por su substituto en caso de muerte u otro accidente, a Cuauhxilotl, señor de Ixtapalapan.


Escogiose por teatro de la guerra la llanura de Cuauhtitlán, cuatro leguas al norte de Azcapotzalco. El ejército de los rebeldes era más numeroso; pero el rey de gente más animosa y mejor disciplinada. Este ejército antes de ir a Cuauhtitlán , asoló seis estados de señores rebeldes, así por debilitar al enemigo como por no dejar a las espaldas quien les perjudicase. La guerra fue de las más obstinadas, equilibrandose el valor de los texcocanos con el número de los tepanecas, quienes hubieran sido desde luego deshechos sin no se hubieran reparado con nuevos socorros.

En el transcurso de la guerra, que no duró menos de tres años, hacian los aliados de los tepanecas sus entradas en los estados fieles al rey saqueando los pueblos que había sobre el lago, fiados en que toda la fuerza de los texcocanos estaba en el ejército de Cuauhtitlan; entre otros daños que hicieron quitaron la vida al señor de Ixtapalapan, que restituido del campo murió gloriosamente dejendiendo con valor su ciudad. Con esto se vio precisado el rey de Texcoco a dividir sus fuerzas destinando mucha parte de la gente que le iba de socorro, para guarnición de dichos lugares; con lo cual cesaron entonces las correrías de los rebeldes. Advirtiendo Tezozomoc que, en vez de avanzar algo con la guerra, cada día se iban debilitando sus fuerzas y que la gente estaba ya desabrida con las penalidades y peligros de la campaña, pidió la paz al rey con intento de acabar por ocultar traición lo que había comenzado por fuerza. El rey de Texcoco, aunque bastante receloso de la fe del tepaneca, no pudo menos de condescender sin exigir condición alguna que le asegurase para el futuro; porque sus tropas se hallaban igualmente cansadas que las del enemigo.



29 de junio 2009








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